EDITORIAL

Cacerolazo

Profundizar el diálogo nacional ha dejado de ser una frase para convertirse en una obligación.

Ayer marchó el país. Marcha de miles de personas buenas, genuinamente preocupadas por el futuro, dispuesta al diálogo, a llamar la atención de las autoridades sobre las profundas lagunas sociales que tiene Colombia. Sí, gente comprometida con llamar la atención de las autoridades sobre las necesidades de inmensos sectores de la población.

Y en medio de todos esos manifestantes genuinos, a la caída de la tarde, el brote de unos grupúsculos preparados para destruir y atacar, para encender y quebrar, para detonar y maltratar.

Después, de manera espontánea en calles, barrios, edificios, casas, conjuntos residenciales… Un cacerolazo como pacífica manera de rematar la jornada de descontento.

Si no a través de medios de comunicación, naturalmente, el presidente tuvo que oír esas cacerolas que estaban mandando ese mensaje de molestia, de insatisfacción.

Y si el presidente sabe interpretar lo que oyó, entiende que tiene por delante la tarea de oír y dialogar. Lo decía ayer abriendo el programa el padre Francisco de Roux: la jornada de paro es y fue una oportunidad para ejercer un diálogo nacional. Y quienes creen que el paro acabó ayer, o que su descontento se esfuma el fin de semana, se equivocan y gravemente.

El presidente tiene la oportunidad magnífica de tomar el toro por los cuernos, de hacer un llamado y una convocatoria a líderes, partidos, gremios, sectores, organizaciones sociales… Hora de escuchar, dialogar, concertar y establecer unos mínimos, unas metas en conjunto, como una sociedad democrática y moderna.

El presidente tiene una responsabilidad y un deber de favorecer esta suma de voces y lograr unidad, pero no en términos de asociaciones políticas, sino de sociedad, de gente, de país. Presidente, usted escuchó ayer a la gente y cerró la noche reconociendo la importancia de este mensaje. Escúchela con juicio y genuino interés. Converse con todos. Abra, favorezca y lidere un conceso nacional. Profundizar el diálogo nacional ha dejado de ser una frase para convertirse en una obligación.

 

 

Cargando