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EDITORIAL

Marcha triunfal de Aída

Me puse a navegar en redes y comprobé que en este país donde ya nada nos sorprende, es el humor el único que nos saca adelante.

Me puse ayer en la tarde juicioso en la tarea de sacar ideas para un comentario editorial sobre el episodio de la fuga de Aida Merlano…

Perdónenme pero no supe por dónde empezar: ¿la incompetencia del Inpec? ¿El descaro de la señora? ¿La candidez de los transeúntes? ¿La torpeza de las autoridades? ¿La inexistencia hace semanas y más ayer de la ministra de Justicia, de quien depende el Inpec? ¿La complicidad de quienes la atendieron? ¿El malestar que nos causa saber que hay una burla a la justicia?

Burla, ese fue el problema: que me puse a navegar en redes y comprobé que en este país donde ya nada nos sorprende, es el humor el único que nos saca adelante cuando ya las cosas parecen pasar de lo serio a lo increíble.

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Trinos con ironía, memes inigualables, stickers únicos, numerales hilarantes… y entonces me dije: deja de luchar contra la corriente, porque no se puede hacer un comentario editorial del todo serio y juicioso sobre un episodio que clasifica para la Dimensión Desconocida de la muy conocida estupidez nacional.

Y me entregué, me rendí, me di por vencido, y dije: lo mejor es que mañana, cuando todo esté más claro, cuando se nos haya pasado la risa nerviosa, abordemos esto con altura, como si no estuviéramos en un país que a veces parece circo con carpa para 44 millones de personas.

Y así lo hice. Y ese hoy en el que pensé ayer es ahora. Hoy es hoy, el hoy que me viene dando vueltas en la cabeza desde ayer. Pero confieso que esto me sigue pareciendo una cosa que no es seria, que no puede pasar en un país que se precie de tal.

Y por eso quiero escuchar a mis compañeros de mesa, a ver si ya superaron el totazo de la fuga, como Merlano debió superar el porrazo que se dio exponiéndonos a todos a un ridículo de enormes dimensiones. Cuando pensábamos que el oso más peludo era el del dosier madurista, Aida pone el punto muy, muy alto.

 

 

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