EDITORIAL

Terrorismo bolivariano

Para Maduro, los grupos provenientes de FARC y el ELN hoy hacen parte activa de su dispositivo de defensa

Algunos de los pasajes del comentario de hoy pueden acercarnos al escenario de lo jurídico, lo reconozco, pero ni soy ni pretendo ser abogado, para tranquilidad de Juan Pablo Barrientos, si ha estado consultando mi escueta hoja de vida. Prefiero pensar que hablo desde la lógica elemental, desde lo práctico y desde conceptos éticos que aprendí en casa.

Desde esa perspectiva, como no sea que medien unas condiciones muy especiales, por lo general de carácter familiar, creo que quien protege y alienta a un criminal en su tarea, no está exento de una evidente responsabilidad. Amparar corruptos en las Fuerza Militares lo hace a uno copartícipe. Proteger asesinos lo hace a uno cómplice. Evitar que los criminales respondan a las autoridades lo lleva a uno directamente al terreno de la colaboración. Secundar extorsionistas y desfalcadores, le deja a uno las manos sucias.

 Hoy, Venezuela acoge a colombianos que, situados al margen de la ley, asesinan, secuestran, roban y efectúan actos de terror contra los ciudadanos de ambos países. El gobierno de Maduro, y antes el de Chávez, protegen al ELN y en su momento a las FARC como grupo guerrillero.

Su gobierno, incluidos los estamentos militares de vergonzosa moral, pasaron de ofrecerles el país como una especie de patio de atrás, sobre todo al ELN, a dejarlos operar y colaborar con ellos. El ELN tiene estructuras armadas en Zulia, Táchira y Apure. Y las bandas residuales, cuentan con estructuras armadas en Táchira, Apure y Amazonas.

Desde tiempos de Chávez, el gobierno venezolano presta especial atención a lo que los entendidos llaman la “guerra asimétrica”, la que aprovecha las diferencias de fuerzas entre los bandos y obliga a utilizar tácticas atípicas que sobrepasan el concepto militar tradicional.

La revista Semana reveló carpetas del Sebin, del Servicio de Inteligencia Nacional Bolivariano, que prueban algo que nuestras Fuerzas Armadas y nuestros gobiernos también saben: que la revolución bolivariana no solo acoge, sino que apoya y trabaja en conjunto con la guerrilla y las bandas colombianas, y que uno de los motivos es hacer daño a Colombia y su sistema de gobierno. Otro es enriquecer a los militares y funcionarios venezolanos, que chupan más teta que un becerro.

Hay otro móvil, que se inscribe en la paranoia socialista: para Maduro, los grupos provenientes de FARC y el ELN hoy hacen parte activa de su dispositivo de defensa en caso de que enfrenten una supuesta intervención militar en su territorio.

Déjenme aquí violar la promesa de no entrar en lo estrictamente jurídico: a la luz del derecho internacional, los ataques de una organización que cuenta con el apoyo, protección y patrocinio de un Estado, hace responsable a ese Estado de los ataques.

La Resolución 1373 de 2001, adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dos semanas después del atentado del 11 de septiembre, consigna ese principio, y va más allá: esos estados deben reprimir la financiación de terroristas y congelar sus fondos, impedir su circulación y, atención, propender por el enjuiciamiento de terroristas.

Uno puede pensar que cuando Estados Unidos habla de Venezuela hay sesgo político, pero eso no impide reconocer pronunciamientos de plena sensatez: el Departamento de Estado determinó en el “Reporte de países en terrorismo”, publicado en septiembre de 2018, que “Venezuela no está cooperando con los esfuerzos antiterroristas de Estados Unidos”.

En suma: Maduro no solo en un mandatario intelectualmente mediocre, un títere de los verdaderos poderes de Venezuela y un dictador de balso. Según el derecho internacional, responde por todo acto terrorista que cometan personajes u organizaciones que albergue o patrocine. Marioneta, sí, pero como en las películas de terror con muñecos de ventrílocuo, una marioneta muy peligrosa. Todo acto terrorista del ELN y ahora de ‘Iván Márquez’ y su grupo al margen de la ley, marca créditos directamente a la cuenta de Maduro. Algún día, aparte de las bombas que contribuye a poner, esa cuenta le estallará en la cara.

 

 

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