EDITORIAL

¿Periodistas que cobran?

El periodista que lo haga, desdice del oficio de periodista.

Gran impacto ha causado en redes, y con merecida razón, el artículo de El Espectador en que el periodista Alberto Donadío se refiere a la revelación del condenado exviceministro de Transporte, Gabriel García Morales, sobre periodistas que habrían recibido dineros de Odebrecht.

“Había algunos periodistas muy importantes que apoyaron el contrato de Odebrecht, no solamente a través de una campaña de relaciones públicas, sino también de una campaña de desprestigio a los potenciales competidores”, declaró García ante el Tribunal de Arbitramento que anuló el contrato de la Ruta del Sol 2.

Vamos por partes. Primero: los periodistas en ejercicio no reciben dinero bajo ninguna circunstancia para dirigir con intencionalidades ocultas tipo alguno de información o favorecer a alguien. El que lo haga, desdice del oficio de periodista.

Segundo: los periodistas no adelantan tareas de relaciones públicas, de la misma manera en que los odontólogos no hornean pan, ni los médicos pilotean aviones de combate. El periodista en ejercicio que se dedique a las relaciones públicas, desdice del oficio de periodista.

Tercero: los periodistas no tienen por norte el desprestigio. La obligación del periodista es la búsqueda de la verdad, y, como en cualquier oficio humano, hay cabida para las equivocaciones, pero no puede el periodista incurrir en imprecisiones o distorsiones porque exista un interés oculto, ánimo de causar daño y mucho menos cualquier lucro. El periodista que lo haga, desdice del oficio de periodista.

El periodismo es un oficio, es decir, algo que se aprende por imitación de los maestros y que se perfecciona con la práctica. Que lo complemente o favorezca la academia, es otra cosa.

En ese orden de ideas, los zapateros y los periodistas, por ejemplo, tenemos mucho en común. Sé que esto molesta a algunos colegas, que tienen su cartón colgado en la pared, incluso en latín, y se sienten menospreciados cuando se los compara con un humilde zapatero.

Ambos oficios tienen un contenido ético. Si un zapatero es deshonesto, afecta a cincuenta o cien personas, a sus clientes, a quienes entrega zapatos reparados o fabricados con suelas de mala calidad o puntillas baratas. Si un periodista es deshonesto, en su calidad de servidor público, afecta a miles o incluso millones de personas.

Unas semanas antes de la nota de Donadío, otro serio periodista, Félix De Bedout trinó lo siguiente: “En entrevista con La W, José Domingo Pérez, fiscal del caso Odebrecht en el Perú, confirma que hay investigación a periodistas por recibir pagos ilegales para crear un ambiente favorable en la opinión pública. ¿Pasó solo en Perú?”.

Supone uno, siguiendo la respetable lógica de Félix, que si en otros países Odebrecht lo corrompió todo, no hay razones para creer a pie juntillas que Colombia es una especie de isla blindada al poder del dinero. Las actividades turbias de la multinacional incluían algo llamado “Sector de relaciones estratégicas”, y era desde donde se manejaba el manual de corrupción para todos los países

 Grande favor harían las autoridades colombianas en adelantar investigaciones semejantes para encontrar y sancionar a los colegas de endeble ética. Y para que sepamos, con pruebas y respaldo sólido, quiénes son.

Flaco favor se le hace al país divulgando listados sin respaldo o adelantando cacerías de brujas que solo buscan desprestigiar sin pruebas de por medio. O confundiendo a relacionistas públicos con periodistas.

No puede haber concesiones con la corrupción, y sí que le luce mal esa debilidad ética a quienes tienen, como los periodistas, el deber de informar con rectitud, honestidad y equilibrio.

 

 

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