Bicentenario en Al Campo

El café y sus métodos de cultivo, otra tradición de Colombia

Aunque esta actividad se ha venido a menos por las dificultades para vender el grano, sigue en el corazón de los colombianos.

Los caficultores colombianos anhelan aquella época en la que tener una finca cafetera les representaba un presente y un futuro brillantes para ellos y sus familiares.

Eran tiempos de buenos ingresos y una fuente de generación de empleo que parecía prácticamente inagotable. Pero todo esto ya es solo historia porque desde hace varios años el panorama a nivel mundial es cada vez más oscuro.

Así lo manifiesta Ricardo León Ríos Marulanda, quien dedicó gran parte de su vida a administrar haciendas especializadas en el cultivo del grano en el municipio caldense de Chinchiná. Recuerda que la variedad de la época era el café arábigo al que describe como frondoso y de mucho crecimiento.

"Lo principal era mantener limpio el cafetal, incluso la misma maleza que quitábamos y la pulpa de café se la echábamos a la raíz del palo a manera de abono por que los químicos no se utilizaban, de hecho ni conocíamos las fumigadoras”, dijo.

Y agregó que “las siembras siempre se hacían a la sombra de árboles como el nogal, el carbonero o la guama, con lo que se garantizaba mantenerlos frescos y con muy buena producción a pesar de que el arábigo había que sembrarlo a mucha distancia uno del otro por lo grande".

Recuerda que cuando llegó la variedad caturro también arribaron los abonos químicos y agentes para la fumigación, lo que incrementó el valor de producción y mermó el rendimiento económico para los cultivadores, aunque esta clase de árbol daba mucho café y requería menos espacio entre plantas y surcos.

Sobre la Roya, ese primer gran enemigo para los cultivos cafeteros, dice que su aparición generó gran alarma y de hecho el Comité de Cafeteros de Caldas y la Federación suministraron gratuitamente durante un tiempo el oxicloruro de cobre para combatir la plaga, aunque algunos agrónomos con una consciencia más ambientalista recomendaban abonar frecuentemente las plantaciones con úrea para que nunca faltaran hojas en el árbol.

Ríos Marulanda explicó que "todo lo referente al café ha cambiado mucho aunque se siguen usando celdas para el proceso de secado, que en aquel entonces se instalaban en los tejados de las casas con hojas de zinc o en unos cajones grandes de madera llamados paseras, y que se ponían en los pasillos de las fincas durante la época de lluvia”

Y recordó que no había necesidad de buscar recolectores en los municipios porque ellos iban hasta las fincas. “Se podía decir que sobraba la gente porque incluso llegaban de otros departamentos como Nariño, familias enteras a trabajar en las haciendas durante el tiempo de cosecha", precisó.

Son contrastes históricos del cultivo de café, un símbolo nacional que se resiste a desaparecer a pesar de las crisis económicas, los bajos precios y el poco interés que despierta esta actividad entre los más jóvenes, que de seguir así solo podrán verlo a través de fotos.

Foto: Colprensa

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