Rafael Naar, en el cielo, debe estar orgulloso de este estadio

La familia del padre del béisbol en Turbaco visitó el estadio que lleva su nombre

Manuel Naar, hijo de Rafael Naar, visitó por primera vez el estadio de béisbol que lleva el nombre de su padre en Turbaco, luego de la remodelación realizada por la Gobernación de Bolívar para los Juegos Nacionales Bolívar 2019.

 

Naar, de 75 años, no pudo ocultar su emoción al contar la historia de cómo su padre llevó la fiebre de la pelota caliente a Turbaco en los años 30, mereciendo el honor de que el templo beisbolero del municipio lleve su nombre.

 

“Rafael Naar fue el padre del béisbol en Turbaco. Cuando se fue a vivir a Cartagena, siendo un joven nacido en Turbaco, le gustó mucho el béisbol, y cuando volvió al pueblo en los años 30, vino con ganas de traer el béisbol. Comenzó a llamar amigos, a enseñarles el deporte, y a practicarlo y a jugarlo en la plaza principal”, relata Manuel Naar.

 

El hijo de Rafael Naar cuenta que a su padre entonces le prohibieron jugar en la plaza, y buscó un terreno a las afueras de Turbaco donde siguió la práctica: el primer campo de béisbol del municipio. Allí, enfrentaban equipos que llegaban de Cartagena, y surgió el primer equipo turbaquero: El Paraíso.

 

“Ahí surgieron grandes beisbolistas como Enrique Castillo y Celedonio Navarro. Ya en los años 50 hizo todas las gestiones y fue aceptado para jugar en el béisbol de segunda categoría en Cartagena. Cuando pasó a primera categoría, le cambiaron el nombre al equipo por “Flota Naar”, por una flota de buses que tenía mi papá. Fueron campeones cuatro años seguidos: 1958, 1959, 1960 y 1961”.

 

El estadio Rafael Naar fue remodelado por la Gobernación de Bolívar para recibir el béisbol de los Juegos Nacionales. Por primera vez, tiene iluminación artificial, y se le construyeron nuevas graderías de sol y sombra. Tiene silletería en toda la tribuna, nuevos camerinos, tableros, cajas de bateo, acolchonamiento de protección, y zonas verdes urbanísticas. La grama natural es de primer nivel, y además en el terreno hay polvo de ladrillo entre las bases y el montículo de lanzamiento.

 

“Para la familia este estadio es un orgullo, y ahora más, viendo esta belleza. Esperamos que se conserve por muchísimos años. Le damos gracias al gobernador Dumek por habernos tenido en cuenta a nuestro pueblo para darnos esta belleza de estadio”, dice Naar.

 

“Se me eriza la piel, este estadio es muy bonito. Mi papá en el cielo debe estar orgulloso de este estadio”, concluye el hijo de quien sembró la semilla de la pelota caliente en Turbaco.

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