Municipio de Cáceres camina a la soledad

Los problemas que azotan al municipio de Cáceres, asentado a orillas del río Cauca no es diferente a las demás.

El municipio de Cáceres es quizá uno de los más antiguos que se erigieron en el bajo Cauca. Ocurrió en 1903. Dice la historia que antes de la llegada de los españoles, en ese territorio donde se asienta Cáceres, estaba habitado por indígenas Nutabes y Tahamíes.

Fue fundado en 1576 por don Gaspar de Rodas, y hoy -443 años después- es una población golpeada por la violencia, una de las que más ha sufrido la guerra entre bandas criminales y la grave consecuencia del desplazamiento de su comunidad.

Tanto el perímetro urbano como el área rural se detecta el panorama a través del registro de la Unidad de Víctimas. Esta dependencia estatal afirma que en Cáceres, actualmente hay registradas 12.467 víctimas del conflicto armado. De ellas 1.425 víctimas directas por desaparición forzada, homicidios, fallecidas y no activos para la atención y 11.042 víctimas sujetos de atención. Sin embargo, los propios orientadores de esta atención, y la misma comunidad advierten que puede haber subregistro, y que el número de víctimas puede ser superior.

Los problemas que azotan al municipio de Cáceres, asentado a orillas del río Cauca no es diferente a las demás: el territorio se lo disputan el Clan del Golfo y los Caparros. Es una guerra por los negocios ilícitos que generan cuantiosos ingresos por narcotráfico, las rutas de la droga, cultivos ilícitos, minería ilegal, microtráfico, robo de tierras, desplazamiento, homicidios selectivos, entre otros.-

Esta violencia ha llevado a que muchos barrios del territorio urbano se estén quedando solos, y esas casas desocupadas sean apropiadas por los ilegales para sus actividades criminales. La Personería de Cáceres detalla que este fenómeno de desplazamiento intraurbano o hacia otras poblaciones, incluso a Medellín, está ocurriendo en los sectores Buenos Aires, La Magdalena, El Cementerio, Costa de Oro y El Centro.

Según el reporte oficial, esos barrios van quedando sin pobladores, desocupados. Pero el terror lo sienten en todo el municipio, las calles quedan desoladas apenas llega la noche. A la Policía local nadie le hace favores tan sencillos como cocinarles o prestarles el servicio de peluquería. Los uniformados tienen que desplazarse hasta Tarazá para el corte de cabello. La orden de no atender a los miembros de la Policía fue impartida por los ilegales.

Esta población ya no cuenta personal masculino –barberos o peluqueros- para estos trabajos: los últimos salieron de la localidad bajo amenazas después de aparecer mencionados en un panfleto.

En Cáceres, la denuncia ciudadana por cualquier delito es casi nula. A la estación de policía, en la Personería y en la Comisaría de Familia no llegan las denuncias. Tres o cuatro años atrás, solo la Comisaría atendía un promedio de setenta personas por día; hoy escasamente llegan cuatro o cinco. Los funcionarios esgrimen la razón: pánico a que los ilegales los vean ingresar a una entidad oficial y sean señalados como “sapos” o delatores o denunciantes, y en el mejor de los casos esa persona es sometida a desplazamiento, o, en el peor, asesinados.

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