En Cáceres, las bandas criminales se disputan a los jóvenes

Los reclutan para diversos oficios ilegales y hasta para objetos sexuales, denuncia las autoridades.

El reclutamiento de menores de edad –niños y adolescentes- por bandas criminales y su utilización en acciones delictivas y del conflicto entre esas agrupaciones delincuenciales, agrava aún más la problemática social del municipio de Cáceres.

Así lo reconocen, con suma preocupación, las autoridades locales y los defensores de derechos humanos de la población.

La Policía y la Fiscalía han detectado y consignado en sus informes que las edades de las personas capturadas o asesinadas, víctimas o victimarios relacionadas con el conflicto, en la mayoría de los casos, oscila entre los 18 y 30 años.

Sin embargo, esa cifra estadística, ese promedio de edad, no excluye la presencia de menores involucrados en esa guerra fratricida entre bandas criminales. Es una guerra que tiene un eje transversal, como ocurre en Colombia hace unos 40 años: el narcotráfico.

En esta franja del norte de Antioquia, en esa larga estela verde de las áreas rural del bajo Cauca, Caracol Radio encontró una realidad dura y dolorosa para muchas familias: las bandas criminales Clan del Golfo o Los Caparros, dedicadas a esas actividades de narcotráfico y otros delitos, conexos o no, están seduciendo a los niños para incorporarlos a sus filas, no solo como combatientes, sino como partícipes en diversos oficios, todos ellos ilegales. Muchachos hasta de 12 años o menos, son destinados a la vigilancia, “campaneros” les llaman, para suministrar información a las bandas sobre las acciones, movimientos de la fuerza pública. También son utilizados para detectar e informar sobre la presencia de personas extrañas en el área urbana y sobre las diligencias o gestiones que están efectuando en la población. Cualquier oficio o tarea ilícita en que puedan ser usados estos menores reclutados.

Son atraídos con la oferta de abultadas remuneraciones, superiores a los 828 mil 116 pesos del salario mínimo colombiano en este año 2019.

Pero también adoban esa oferta con elementos atractivos para un niño o preadolescente, un celular y equipos electrónicos de comunicación o entretenimiento.

Y tienen tarifas

Incluso son notorias las diferencias en las propuestas económicas y dádivas entre los ilegales para sumar menores y adolescentes a sus filas y sus servicios. Una especie de competencia entre criminales por hacer los más altos ofrecimientos.

Por ejemplo, el Clan del Golfo paga un millón cincuenta mil pesos y entrega un celular con internet y minutos, mientras que la banda los Caparros también entrega el teléfono móvil pero paga un millón ochenta mil pesos.

A los muchachos que se incorporan los motivan o estimulan a permanecer en esas filas con los ascensos en la organización criminal, y participar en nuevas operaciones mucho más osadas y de riesgo. Para ello reciben, ya no solo el celular, sino una motocicleta para el transporte de armas o a sus propios jefes o compañeros.

De ahí, de “motero” pasa al porte de armas. Luego de demostrar la intrepidez y capacidad criminal, los jóvenes pasan a recibir un arma de fuego, lo que equivale a tener una especie de “graduación” en la carrera por tener mando y recibir el respeto en el grupo. O la decepción y frustración.

 

Jóvenes engañados

Caracol Radio conoció que muchas veces los jóvenes admiten ante las autoridades o con sus familiares que fueron engañados por quienes los involucraron en esas actividades delincuenciales, pues los incentivos o salarios o equipos celulares, no les son entregados en su totalidad. Y eso, casi siempre, es más frecuente en el caso del dinero que deben recibir y siempre-siempre “les quedan debiendo” y no hay forma de reclamar el resto, so pena de tener problemas con los jefes.

Cargando