La iglesia admite que la guerra cambió la mentalidad en Tarazá

El taraceño busca alejarse de su tierra natal por todo esto que vive, confiesa un sacerdote local.

Durante años, las bandas criminales que actúan en las áreas urbanas y rurales de Tarazá, especialmente el Clan del Golfo y los Caparros, han ejercido control sobre los territorios y, también, sobre la vida de la comunidad, sobre sus actividades cotidianas y hasta sobre la mentalidad de los nativos.

Y ese dolor infligido de múltiples maneras, especialmente por la violencia y el crimen al que han sido sometidos durante años, también los ha cambiado por dentro, y por fuera.

El sacerdote Bládimer Taborda administra la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en el parque principal de Tarazá, al pie de la Alcaldía, cerca de las autoridades, del poder municipal.

Sabe que es un cura de almas, como quedó consagrado en su ordenación sacerdotal, pero también tiene que fungir como orientador y como observador de esos cambios en el comportamiento y la mentalidad de sus feligreses, y de los que no lo son, pero están ahí, cerca de la iglesia y del poder.

Y el padre Bládimer, figura bonachona y serena, pero con una aguda mirada, se acerca a todos y recibe a todos los que se le acercan. En su pastoral y su apostolado ha aprendido que una charla, un diálogo, quizá más que la confesión, le llevarán a descubrir esas transformaciones en un ser humano afligido y adolorido, acosado o amenazado, perseguido o ansioso, solitario y angustiado.

Y conversa con todos: niños, jóvenes, adultos, ancianos, con todos. Y de todos aprecia y aprende, asegura.

Sostiene este sacerdote, curtido en una misión difícil en un territorio complejo, que en algunos hogares ya no hay diálogo y eso ha llevado a que muchos se hayan desmoronado. Ahí encuentra la mina de su trabajo, ahí ausculta y trata de ayudar, y ejercer su ministerio, en una suerte de cura, sicólogo, maestro, amigo, consejero de los taraceños (gentilicio de Tarazá).

 

El taraceño ha cambiado

La mentalidad del taraceño sí ha cambiado un poco, es más, el taraceño busca alejarse de su tierra natal por todo esto que vive… (El taraceño quiere) abrir nuevos horizontes, porque ven que aquí sus esperanzas se van cerrando cada día más. Acompañamos a todas las familias en el dolor… y no nos cansaremos de decirle a la comunidad que debemos unirnos en oración y pedir por la paz y que nos fortalezca”, plantea el padre Taborda, y advierte que mantiene la firmeza en esa misión.

Consultado por Caracol Radio, sobre esas dificultades y riesgos en su trabajo religioso, espiritual y social, este presbítero sentencia que pese a las adversidades, a los hechos que cada día debe atender como pastor de esa comunidad urbana, no pierde la esperanza y se declara decididamente optimista.

Yo soy muy optimista y sé que Tarazá va a salir adelante y que esta situación va a cambiar, pero debemos poner todos de nuestra parte”, confió.

Sin embargo, comulga con otros actores y líderes sociales en que la mayor preocupación radica en la naturalización del dolor y de la guerra, es decir, consideran inconcebible que los ciudadanos, la población se esté acostumbrando a esa violencia, a ese conflicto, a sus graves efectos familiares y sociales, y ya poco les importe.

Clama para que en esa población, a la que considera dolida por la guerra, no se consolide la indiferencia y de reafirmen la esperanza, la fe y la solidaridad para encontrar la solución.

Admite que también en la población hay diferente actores que de una u otra manera aportan a esa solución al conflicto y apoyan a las comunidades afectadas.

 

 

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