Tomás Pinzón Lucena director de “La Paz” estará en el FICCI 2019

El cineasta que convivió con una tropa guerrillera en las montañas del Cauca y filmó el documental

Su historia como cineasta empezó cuando apenas tenía 12 años, (hoy tiene 27) al recibir como regalo una pequeña cámara de video, la cual aún conserva y que usó para documentar parte de su adolescencia y la de sus amigos, quienes a pesar de pertenecer a la llamada generación millennial crecieron interesados en la cultura de los años 70s y 80s. En aquellas imágenes retrató su forma de vivir la vida entre los 13 y 19 años.

Mientras estudiaba en el Liceo Francés, (Bogotá), su curiosidad por el séptimo arte crecía en medio de la frustración, pues eran pocas las posibilidades de ver cine en su entorno educativo. La desilusión fue disipada por su padrastro, quien le obsequió aquella handycam con la que creó sus primeros filmes y quien desde

temprana edad lo influenció culturalmente, forjando su carácter intelectual y su cinefilia.

Viendo películas “piratas” que solo se conseguían en el centro, este joven director conoció el trabajo de cineastas de la Nouvelle Vague francesa como Jean-Luc Godard y François Truffaut, o maestros rusos como Aleksandr Sokúrov y Andréi Tarkovski. Estos cuatro directores influyeron de manera definitiva en su elección de carrera, dejando de lado su interés por la biología y la medicina que también le apasionaban.

Apoyado por sus padres, decidió mudarse a Paris para empezar su pregrado en cine. Estudió en el Conservatorio Francés del Cine (CLCF) donde se especializo en documental y más adelante en el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales (INALCO), donde aprendió el hindi.

En el 2015, con el deseo de expandir sus conocimientos, viajó a Bosnia para conocer la Film Academy de Sarajevo, fundada por el director húngaro Belá Tarr, a quien Tomás tuvo el privilegio de conocer y cuyo trabajo influye de manera directa en su forma de concebir y hacer el cine.

Mientras caminaba por Sarajevo realizó un corto con su teléfono celular con la idea de mostrar una perspectiva de la guerra en Bosnia, explorando el genocidio cometido en Srebrenica, sus memorias y la relación comparativa con el conflicto colombiano. Con From Bosnia with Love (Desde Bosnia con amor) fue finalista en la primera edición de Smart Films, un festival de cine internacional que tuvo origen en Colombia y que premia películas hechas con smartphones. Además, trabajó en un proceso de investigación que lo llevó a vivir de cerca con monjes de las sectas religiosas que viven apartados en las montañas de Nepal e India.

Estas experiencias resultaron fundamentales en la búsqueda de su estilo cinematográfico, y a su vez su acercamiento a las narrativas del conflicto - posconflicto y a las comunidades marginales, como una forma de captar la realidad, lo que posteriormente desarrollaría en su documental LA PAZ, el primero sobre el proceso de paz de carácter observacional (usando la técnica Fly in the wall, que implica hacer que los personajes se olviden de la cámara). “En nuestro país se han hecho otros documentales sobre el tema, pero con un enfoque periodístico”, aclara.

Su trabajo como director comenzó desde la concepción y escritura del proyecto, al tiempo que hacia las gestiones para que los guerrilleros aceptaran ser filmados en campo (el excandidato presidencial Álvaro Leyva fue pieza clave en esa tarea) y conformaba su equipo de trabajo (entre ellos François Margolin y la periodista colombiana Maria Elvira Bonilla, los productores). Así se inició el largo viaje por carretera que los llevó desde Cali montaña adentro hasta el campamento ubicado en la región de Buenos Aires, en el Cauca, a cargo en ese momento del comandante Walter Mendoza. Los propios guerrilleros les adecuaron el sitio donde vivieron durante los cinco meses que duró el rodaje, recopilando 240 horas de filmación. El equipo dormía en ´caletas´ (casas de madera y plástico hechas sobre la tierra), con camas muy sencillas, colchón y cobija, y un mosquitero.

Recuerdos del monte

Desde la Universidad de Columbia en Nueva York, donde actualmente adelanta un Master en guion, recuerda que el reto más grande durante el rodaje (en esos meses anteriores al “Plebiscito por la paz” que se llevó a cabo el 2 de octubre del 2016 en Colombia), aparte del temor a que el campamento fuera atacado por los militares, fue ganarse la confianza de los guerrilleros, para lograr acercarse, entender y proyectar las maneras cómo aquellos hombres y mujeres pensaban y vivían esos días de tensión.

Para Tomás, la celebración de su cumpleaños 25 con torta incluida (un 7 de agosto) en aquel campamento, fue el suceso definitivo que dio pie al acercamiento. Tuvo la oportunidad de vivir, comer e incluso trabajar con ellos; así concluyó que “las tropas de las FARC no son como nos las pintaron”, lo cual corroboró su idea de mostrar una perspectiva diferente a la de los medios, “más que nada los miedos y sueños de las tropas, durante la incertidumbre del proceso de paz”, subraya este cineasta bogotano, amante del jazz, la lectura, los museos y la escalada deportiva, quien se confiesa admirador del trabajo de los cineastas colombianos Laura Huertas Millán (La Libertad, Sol Negro) y Rubén Mendoza (La sociedad del semáforo, Señorita María).

Mientras espera ansioso su debut en el Festival Internacional de Cine de Cartagena y el diálogo con las audiencias, ya está embarcado en nuevos proyectos, incluido

una historia sobre los recicladores bogotanos y un cortometraje sobre una prostituta entrada en años que decide montar su propio negocio en ese mundo, aprovechándose de la crisis venezolana, sobre el cual ya está escribiendo guiones.

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