27 DE AGOSTO DE 2017

"Estoy orgullosa de ser adoptada": María Esperanza Delgado Suárez

Una de las figuras del baloncesto universitario de Estados Unidos es santandereana. Egresada del colegio Virrey Solís, de Bucaramanga, está a dos años de jugar en la WNBA.

A los 14 años de edad, María Esperanza Delgado Suárez intentó buscar a su mamá biológica. Para tal efecto, Panchita, como la conocen en Bucaramanga, se fue siguiendo la única pista: el barrio San Miguel, cerca de la iglesia del Perpetuo Socorro. Una vez allí, el plan era buscar a un vecino antiguo que diera cuenta de una mujer que estuvo en embarazo, en 1996. La búsqueda resultó infructuosa.

Ahora, que María Esperanza Delgado está a punto de volver a Estados Unidos, para encarar su tercer año, en el baloncesto universitario, relata la historia de su vida, en el Personaje de la Semana. Panchita fue abandonada en marzo de 1996, en una calle de San Miguel y un transeunte que la encontró, llamó a la policía. Las autoridades la remitieron al Hospital Universitario y de ahí al Bienestar Familiar.

Quiso la fortuna, que la entonces directora del Bienestar Familiar, en Santander, en aquella época, Esperanza Delgado buscara tomar en adopción a un niño. De esta manera se enlazaron los caminos y el 20 de julio, de ese año, se dio la adopción. Panchita siempre tuvo claro su origen. A los 5 años, se encontró con su otra familia, la del baloncesto, en la escuela de Ivan Olivares, dirigida por el profesor Carlos Parra.

El tiempo pasó; Panchita es una integrante fija de las selecciones Colombia de baloncesto; la exdirectora del Bienestar Familiar falleció en 2016 y el país conoció esa historia de adopción por parte de una madre soltera, a través de una carta escrita por Panchita a la senadora Viviane Morales en la cual defiende la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo o solteros.

A pocos días de viajara para incorporarse al equipo de Lousiana Tech, Panchita relató su experiencia en Caracol Radio. Lleva en el corazón a su mamá Esperanza Delgado; a Concepción, en García Rovira, la tierra de su familia adoptiva; al colegio Virrey Solís y a todo lo que huela a Bucaramanga, como las canchas del parque San Pío donde en tantas tardes y noches jugó.

 

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