La Guardia Cimarrona, símbolo de orgullo ancestral de Palenque

Es llamada popularmente como la ‘Policía’ de los palenqueros

Los niños y adolescentes que solían recorrer las trincheras del Palenque de San Basilio en los tiempos de Benkos Biohó, forjador de la hazaña del primer pueblo negro libre de América, crecieron con la convicción aferrada a los huesos de que el diálogo debía primar sobre la represión.

La lucha a sangre y coraje le permitió a Palenque su libertad del yugo español. Pero, ahora, desde aquel terruño ardiente, de callecitas empolvadas, y casas construidas con las uñas, debía primar una autoridad en la que la fuerza y el hostigamiento pasaran a un segundo plano. Así nació, como un valioso tesoro ancestral, la Guardia Cimarrona.

Hombres de campo, con manos maltratadas por el trabajo duro, recorrían las calles del Palenque de San Basilio con un arma que, desde entonces, ha sido considerada con mayor peso que cualquier otra: la palabra.

La Guardia Cimarrona se constituyó así como la mejor forma para resolver los conflictos entre hermanos. Para reprender a quienes tomaban sin permiso los cultivos ajenos y hasta para aclarar asuntos maritales que comenzaban a tomar un mal rumbo.

Desde aquel entonces el paso de los años ha sido avasallador. Los muchachos dóciles que crecían con el respeto inculcado por parte de sus padres hacia la Guardia Cimarrona hoy viven en un mundo distinto.

Algunos, como lo reconocen los más viejos, parecen obstinados a los resabios y caprichos juveniles. Sin embargo, en medio de todos los cambios propios de la modernidad, quienes conforman la Guardia Cimarrona no están dispuestos a dejar que su autoridad e invaluable tradición mueran de la noche a la mañana.

Ellos son 30 hombres respetados de Palenque. Se levantan desde las 4:00 de la mañana para trabajar en el campo y, sin falta, los lunes se reúnen para hablar de los problemas y conflictos que les atañen a los palanqueros.

Como guerrero que escoge su mejor atuendo para ir al combate, pero consientes de que se trata de una batalla distinta, los cimarrones lucen con orgullo la vestimenta que los representa.

Se trata de un pequeño gorro heredado de la tradición africana al que llaman gufi, una túnica con el pecho colorido, y un bluyín clásico de botas holgadas. Los zapatos, como colegial que asiste a su primer día de clases, son negros y bien lustrados. En la cintura, como símbolo de mando, cargan un viejo bastón.

Ricardo Hernández Navarro, un veterano de piel cuarteada que usa gafas negras porque dice que el sol está cada día más bravo, ostenta el mayor rango dentro de la Guardia Cimarrona. Él es el presidente.

Le gusta hablar despacio, tan cerca de su interlocutor que se alcanza percibir su respiración, y se refiere con orgullo al legendario puñado de hombres del que hace parte y dirige.

Hernández, dentro de la Guardia Cimarrona, es acompañado por un vicepresidente, un fiscal, un tesorero y dos vocales, quienes conforman el grupo de mayor rango, además de los demás servidores.

El presidente de la Guardia Cimarrona, en medio de la celebración de la Semana de la Afrocolombianidad, explica cuál es la importancia que tiene la que es llamada popularmente como la ‘Policía’ de los palenqueros.

“La Guardia Cimarrona hace parte de la sangre de quienes somos palanqueros. Tenemos claro que, así como lo vivimos nosotros, tiene que perdurar de una generación a otra y por eso no la vamos a dejar morir. Hoy, aunque los muchachos son diferentes, sus papás les siguen inculcando el respeto hacia nosotros como autoridad y por eso luchamos todos los días. El diálogo tiene que seguir siendo nuestra principal arma”, sostienen Hernández.

La Guardia Cimarrona, además de la autoridad que representa, también se caracteriza por su componente de colaboración y amor hacia lo propio. Por eso, así como el cimarrón reprende a quien tiene un mal comportamiento, también toma con humildad una pala y una escoba para barrer la plaza del pueblo. Según Hernández, “la mejor muestra de autoridad es el ejemplo”.

Con Personería Jurídica

Aunque la tradición de los cimarrones encargados de sembrar el orden es milenaria, el selecto grupo que la conforma no siempre llevó el mismo nombre.

Segundo Cásseres, director de la Guardiana Cimarrona, explica que en un principio se conocían como Guardia Cívica, entre otras denominaciones.

Sin embargo, fue hasta 2009 cuando se logró la consolidación de una Personería Jurídica que, bajo el nombre de Guardia Cimarrona, le otorgó al representativo grupo un reconocimiento legal de carácter nacional.

Hoy por hoy la Guardia Cimarrona trabaja con esmero, como lo ha hecho desde sus inicios, pero con el gran aliciente que representa que el país afronte un momento único: la consolidación de la paz y el posconflicto.

“Desde la Guardia Cimarrona, como agentes sociales y de transformación, consideramos que es mucho lo que tenemos para aportar en esta nueva etapa que vive el país. Por eso esperamos ser tenidos en cuenta”, explica Cásseres.

“Gobernador Turbay, usted es nuestro cacique”

Ricardo Hernández Navarro, presidente de la Guardia Cimarrona, recordó con alegría que, durante su campaña, el hoy gobernador de Bolívar, Dumek Turbay Paz, fue declarado cacique de la Guardia Cimarrona, como símbolo de unión y agradecimiento de parte del pueblo palenquero.

“Le dijimos al señor Gobernador: cuente con nosotros, así como contamos con usted”, sostuvo Hernández.

El presidente cimarrón recordó que Turbay Paz recibió el gorro y el bastón de mando que son considerados un “símbolo de hermandad y justicia ancestral”.

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