Sobrevivió después de ser arrollado por una buseta en Cartagena, el conductor huyó

El hombre sufrió múltiples traumatismos, y fue necesaria una operación a la altura del abdomen

Rafael Díaz Atencia, salió de su lugar de trabajo, un parque en el barrio El Campestre de Cartagena, rumbo a su casa a bordo de su motocicleta. Iba sonriendo, contento como todos los viernes, pues asegura que es al lado del sábado, uno de los días en donde la gente compra más chance, el mismo que vende en ese mismo punto desde hace más de 30 años. Iba para su casa, una humilde vivienda en el barrio 20 de Julio, en donde tiene que hacer las veces de acróbata para bajar la precaria e inclinada escalera de 2 metros de alto hacia el interior de su casa.

Es lo que menos le preocupa, ya se acostumbró a vivir en un sótano como la llama él. En medio del camino, cuando el reloj marcaba un poco más de las 10 de la noche, una bocina de una volqueta lo hizo bajar la velocidad y transitar despacio junto al andén de la vía, como dice la norma que deben hacer los ciclistas, lo siguiente que recuerda es un inmenso dolor, y la imagen de una buseta de color verde que siguió de largo después de arrollarlo a él y su bicicleta.

Fueron momentos difíciles, tal vez por la ira que le produjo el accidente, o las ganas de llegar a su casa, Rafael se levantó, tomó su maltrecha bicicleta y pedaleó unos 10 metros antes de desplomarse nuevamente. Fue en ese momento que se dio cuenta de la magnitud de lo que había pasado, su pantalón roto lo dejó casi desnudo, mientras que su suéter, amarillo, se tenía de rojo del abdomen hacia abajo. No era una escena agradable, como pudo tomó el teléfono y avisó a su esposa.

Al lugar llegó poco después su mujer, quien en llanto se comunicó con las dos únicas hijas de Rafael, que dicho sea de paso, no viven con él. Fue gracias a ellas, sus ángeles de la guarda como él las llama, que se salvó de morir desangrado. A pesar de estar en una vía principal, nadie ayudó, nadie persiguió a la buseta, nadie se conmovió ante la escena de un hombre entrando a la tercera edad, tratando de subir como fuese a una bicicleta destartalada. Cuando sus hijas llegaron a la escena, pudo ser trasladado a una clínica para la atención.

Fractura en pie izquierdo, herida profunda en la cara izquierda de su abdomen, hematomas a lo largo de sus brazos y en sus nalgas, por donde pasó una de las llantas de la buseta, fue el diagnóstico para Rafael. De no ser por sus hijas, y sus cuñados, este vendedor de chance no habría tenido la posibilidad de pagar el tratamiento que le sigue para recuperarse, eso sumado a que no hay manera que vuelva a vender chance por ahora, pues como se dijo, en su estado salir de la casa es una travesía, y no puede estar ni de pie ni sentado, pues el hematoma en sus posaderas no se lo permite.

Su familia revisó cámaras de lugares cercanos al accidente, algunos comerciantes accedieron a mostrar sus archivos en donde se ven algunas cosas, pero no el momento preciso del accidente. Además, gracias a la baja resolución de las mismas, no es posible identificar la placa de la buseta, de la que tampoco se sabe si es de servicio público o especial. En el lugar hay una cámara del circuito cerrado de la ciudad, pero la policía les dijo que solo podían ver lo que pasaba en directo, así se esfumó la última posibilidad de identificar al conductor agresor.

Rafael deambula adolorido cada rincón de su casa, lamentando no poder vender los chances para sostenerse al lado de su esposa, como lo ha hecho desde hace 30 años. Exige justicia, pide al conductor que lo arrolló y lo dejó tirado que ponga la cara, y que de alguna forma, contribuya a su tortuosa recuperación, agravada por el dolor y la falta de recursos para tratarse.

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