Dos generaciones unidas por el perdón

Atrás quedaron las huellas de la violencia que dejó a su paso el M-19. Hoy, uno de sus líderes estrechó las manos de quien vivió los rigores de la guerra.

Siendo muy niño Alejandro Eder, de familia raizal del Valle del Cauca, vivió los rigores de la violencia protagonizada por el accionar de M-19 y las Farc. allá por los años 70s y 80s.

Hoy, esos recuerdos son historia del pasado porque el amor de patria no solo le permitió al grupo armado del M-19 reintegrarse a la vida civil, sino hacer la paz con quienes ayer hicieron la guerra.

“Nunca pensé reencontrarme y estrecharnos la manos y un fuerte abrazo con quien persiguió a mi familia”, le dijo Alejandro a Antonio Navarro Wolf uno de los comandantes en ese momento del grupo guerrillero.

Recordó como su abuelo Harold Eder, fue el primer secuestrado y asesinado en Colombia por las Farc, organización armada en proceso de entrega de armas.

Navarro, en sus inicios como profesor de la Universidad del Valle, quien lideró trabajos en el agro en el Instituto Cinder, conoció la problemática del campo que lo llevó a ser un alzado en armas.

Durante el gobierno del Presidente Belisario Betancourt, hubo un acercamiento de paz con el M-19 en Corinto, Cauca y el Hobo, Huila, los cuales se diluyeron por el conflicto armado que se vivía en esa época pero que finalmente se logró su desmovilización en el gobierno del Presidente Virgilio Barco.

Hoy 30 años después, en el “Foro, Pacifico es Uno”, organizado por la Fundación para el Desarrollo Integral del Pacifico, FDI, que dirige Alejandro Eder, el senador Navarro Wolf le mostró al joven dirigente las huellas de la guerra reflejada en la prótesis de su pierna izquierda, producto de un atentado en su contra.

“Este atentado lo viví aquí a pocas cuadra en donde estamos estrechándonos la mano y pidiéndole perdón por los daños causados a su familias” le dijo el congresista el congresista a Alejandro Eder luego de un sincero estrechón de manos, del cual fue testigo Caracol Radio.

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