DONDE ESTÁ LA BOLITA

Balas perdidas

Cali, Medellín, Barranquilla, Bogotá y Cartagena es donde más casos se presentan.

Carlos Obregon /

El primer miércoles de febrero, en un barrio humilde del norte de Neiva, una bala perdida que salió de una persecución de policías a una banda de atracadores impactó a una mujer en la espalda. Sintió un corrientazo en su espalda y de inmediato se dio cuenta que estaba herida. La misma patrulla la llevó al hospital y por fortuna hoy está fuera de peligro aunque deberá vivir con la bala alojada en la columna para evitar una parálisis, según los médicos.

No tuvo la misma suerte el cantante y youtuber Fabio Legarda que recibió una bala mortal que salió de la escena de un atraco en El Poblado en Medellín. La muerte de Legarda sirvió para recordar que en el país abundan las balas y las muertes por cuenta de atracadores, ciudadanos armados que celebran el fin de año al estilo del lejano oeste, policías que persiguen ladrones, ciudadanos que espantan ladrones en la noche o niños que tienen armas al alcance de la mano.

Las cifras no son precisas –como pasa con muchos delitos, el subregistro es evidente—pero se estima que en 2018 hubo al menos 170 víctimas entre heridos y muertos), cifra que, según el Cerac, no recoge la totalidad de los casos. Un número que por encima parece baja en un país donde hay 3 millones de armas en poder de personas, de las cuales menos de 800 mil tienen salvoconducto. Al parecer la estadística es imprecisa porque la Policía dejó hace unos años de diferenciarlos de los casos de muertes y lesiones personales.

Cali, Medellín, Barranquilla, Bogotá y Cartagena es donde más casos se presentan, lo que de alguna manera corresponde a las ciudades donde hay más altos índices de homicidios.

Las muertes o lesiones graves que dejan estos casos de balas perdidas deberían hacer parte de las consideraciones del Ministerio de Defensa al momento de establecer sus políticas de seguridad ciudadana que entre otras deberían incluir pedagogía y protocolos para el uso responsable de armas y un registro preciso para establecer la magnitud del problema.

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