El Chapo Guzmán espiaba a su mujer y a sus amantes

Los mensajes fueron interceptados por el FBI y presentados por la fiscalía como pruebas en el juicio contra el Chapo.

En medio del juicio que se adelanta contra Joaquín “El Chapo” Guzmán, a quien acusan de introducir más de 100 toneladas de droga a los Estados Unidos, la fiscalía presentó varios mensajes interceptados, entre finales de 2011 y principios de 2012, por el FBI en los que habla acerca de sus hijas y dos de sus amantes.

En uno de estos mensajes Guzmán afirma que su hija María Joaquina, de seis meses de edad, no le teme a nada por lo que bromea con regalarle un rifle AK – 47. A pesar de que la esposa del Chapo, Emma Coronel, ha insistido en repetidas ocasiones que desconocía el accionar de su marido, en otro de estos mensajes, el Chapo le explica cómo deben comunicarse y le aconseja pedir ayuda al técnico del cartel.

En otro mensaje Coronel le pasa el teléfono a su padre para que hable con el Chapo, quien le advierte no usar el radio para discutir el envío de droga pues era muy probable que los agentes de la patrulla fronteriza de Estados Unidos rastreasen estas frecuencias emitidas.

Además, Guzmán y su esposa conversaban sobre asuntos relacionados con redadas policiales en su casa, mensajes en los que el Chapo preguntaba a Coronel si tenía armas, ella le respondía que sí, y Guzmán le pedía que la escondiera en un compartimento secreto.

Los mensajes también dejaron en evidencia las infidelidades del Chapo. Una de sus amantes, Agustina Cabanillas, era la mensajera del narcotraficante en sus negocios, de acuerdo con algunas de las conversaciones intervenidas por FBI. La institución también interceptó comunicaciones entre Agustina y sus amigas, en las que se quejaba de que ese "bastardo", refiriéndose a Guzmán, podía localizar su teléfono y lo llamaba un idiota: "soy mucho más inteligente que él".

El Chapo encargó a un informático colombiano, Cristian Rodríguez, que elaborara un sistema de espionaje para los teléfonos de su mujer y sus amantes, con los datos que inicialmente se registraron en servidores de Canadá. El FBI convocó al ingeniero a un encuentro en un hotel de Manhattan, engañándole asegurando que se trataban de mafiosos rusos interesados en el software, y le ofrecieron colaborar con las autoridades estadounidenses. Entonces, Rodríguez consiguió que los datos de las comunicaciones encriptadas pasaran de Canadá a los Países Bajos donde el FBI contó con la colaboración de la Policía holandesa.

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