Aquí no tenemos tiempo ni de llorar: venezolanos en Santa Marta

Los migrantes que por estos días se rebuscan en la capital del Magdalena le contaron a Caracol Radio cómo sobreviven.

Venezolanos en Santa Marta / Caracol Radio - Santa Marta

Más de 35.000 venezolanos indocumentados han ingresado a Santa Marta en los últimos meses para sobrevivir del rebusque y son ahora uno de los mayores desafíos de las autoridades en seguridad, defensa del espacio público e informalidad en el comercio.

Caracol Radio se acercó a varios de esos migrantes, quienes recientemente fueron censados por la Oficina Distrital de Gestión del Riesgo, para conocer cómo es su día a día en la capital del Magdalena y encontró que tienen momentos más tristes que alegres.

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“Para sobrevivir vendo deditos y jugos de naranja, eso me da para pagar el arriendo de 150.000 pesos mensuales y la comida, además, tengo una niña de tres años que vive con mi mamá en Venezuela y le mando alguito cada semana, pero a veces no me alcanza ni para lo uno ni para lo otro”, revela Andrea, una joven de 25 años de edad que llegó hace ocho meses a esta ciudad.

La historia de esta mujer es similar a la de Carlos, quien tiene 21 años de edad y al describir su situación actual no puede evitar las lágrimas.

“Me vine hace cinco meses y vendo cualquier cosa para sobrevivir, a veces son empanadas o churros, pero no gano lo suficiente para mandarle dinero a mi mamá, hago lo que puedo. Además, comparto cuarto con ocho venezolanos y me toca hacer turno hasta para ir al baño”, afirma Carlos.

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La gran mayoría de venezolanos que están en Santa Marta se ven obligados a recurrir a esa modalidad de arriendo compartido entre desconocidos para tener refugio durante las noches, sin embargo, ese es también un problema para ellos.

“Tengo un año de estar acá con mi esposo y mi niño de ocho años. Gracias a Dios no nos falta comida pero nos toca vivir con otras tres familias en una vivienda porque solos no podemos pagar los 500.000 pesos del arriendo y eso nos obliga a soportar las malas costumbres o tratos de otros”, explica Fabiola, una venezolana que trabaja como manicurista en un salón de belleza.

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“Hay días que no nos hacemos nada y es fuerte porque también tenemos familiares en Venezuela que hay que ayudar, otras veces nos ganamos 5.000 pesos y otras 30.000 en 12 horas de rebusque y de ahí hay que sacar para todo”, sostiene otro de los migrantes.

Dentro de las muchas necesidades y problemas que están pasando los venezolanos en Santa Marta también se encuentra el bullying. “En Venezuela yo tenía un buen trabajo y aquí me toca hacer de todo en la calle para llegar a dormir en el piso porque no me pude traer mi cama, a eso súmele que todo el tiempo me encuentro con personas que me gritan ‘veneca’ de burla y me hacen sentir como de clase baja o prostituta”, manifiesta Carolina, quien tiene 30 años y es estilista.

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“Algunas colombianas también nos acusan de quita maridos y cuando salen noticias de un venezolano que le hizo algo a un colombiano nos tocan los peores días porque nos atacan como si nosotros tuviésemos la culpa de lo malo que hacen otros”, agrega Carolina.

“No entiendo por qué nos tratan así, porque de los colombianos dicen en todo el mundo que son vendedores de droga y yo no los juzgo a todos por esa fama. Aquí estamos pasando más días tristes que alegres pero nos toca y no nos da tiempo ni siquiera de llorar porque toca rebuscarse”, puntualiza Carolina.