“A Venezuela no volvemos sino hasta que caiga este gobierno”: caminantes

A pie, miles de venezolanos atraviesan el país buscando llegar a Bogotá o a la frontera con Ecuador.

Daniel Sarmiento / Caracol Radio

Recorrimos con un grupo de migrantes el inicio de su odisea por las carretas de Santander, en donde tardan alrededor de nueve días para salir de Cúcuta y llegar a Bucaramanga.

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/ Daniel Sarmiento / Caracol Radio

Pasada la odisea de la trocha, los venezolanos buscan algo de comida y agua y empiezan de inmediato su éxodo hacia el centro del país aprovechando la luz del día y el clima cálido de Cúcuta, sabiendo que 60 kilómetros más adelante se van a encontrar con el páramo de Berlín donde la temperatura puede llegar a los tres grados bajo cero.

A medida que avanzamos van apareciendo a la orilla de la vía cientos de personas cabizbajas, mirando al suelo, sudando y con los zapatos destrozados, literalmente dejando la piel en el asfalto y a la espera de que algún carro frene y los recoja o baje la ventana y les regale algo de comida.

Las escenas más desgarradoras son las de las mujeres embarazadas, con sus hijos de la mano, con el pulgar arriba pidiendo “cola”, como le llaman en Venezuela a pedir una remolcada o un aventón.

10 kilómetros en el platón de una camioneta o en la parte de atrás de un camión pueden significar toda una tarde a pie y en muchos casos la diferencia entre dormir en medio de la nada o llegar a algún caserío donde encontrar un lugar seguro para pasar la noche.

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60 kilómetros después de salir de Cúcuta, llegando a Pamplona, presenciamos una escena que se repite todo el tiempo: Familias que se tienen que separar. En muchos casos van padre, madre y uno o varios niños que despiertan la solidaridad de los viajeros y que la mayoría de las veces solo tienen espacio para llevar a uno de los adultos y ahí viene la decisión más difícil. Mandar a la esposa y los niños solos para que no caminen más y lleguen sanos y salvos a la siguiente ciudad o resistirse a la separación y sufrir unidos la carretera que a pie parece infinita.

Los letreros que indican cuanto falta para llegar a Bucaramanga son un aliento, pero al mismo tiempo un dolor de cabeza pues los caminantes saben que cada vez están más cerca de su destino, pero que cada paso hay menos energía y que pronto empezará el tramo más duro, donde cambia el paisaje y el frío quema la cara, congela las orejas, entumece las manos y hace flaquear las rodillas.

Justo a punto de empezar ese tramo, encontramos a Ricardo Torrealba, un caraqueño de 40 años que estaba haciendo el recorrido en silla de ruedas, empujado por un grupo de seis personas con las que intentará llegar a Ecuador.

“Yo tuve un accidente de tránsito, un carro me atropelló y perdí las dos piernas y bueno me cansé de aguantar hambre en Venezuela y aquí voy con mis panas, sin piernas pero con fé de que voy a conseguir una estabilidad para mandarle algo a mi familia… Salimos 30 de Caracas y quedamos siete, muchos no cruzaron las trocha por miedo y otros se han quedado por el camino porque no aguantaron la caminada… Ellos me ayudan en las subidas para empujar la silla y están pendientes de mí”.

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Llegando al páramo de Berlín quedaron en shock por el frio y la niebla que inunda el paisaje. Cuatro de estos siete guerreros vienen de Isla Margarita y pasaron de pescar a 34 grados centígrados en el mar turquesa a caminar por estas carreteras con los labios quemados y morados por el viento del páramo que entra y se queda en el cuerpo recordándoles que están vivos y que todavía faltan 60 kilómetros de carretera para llegar a Bucaramanga.

Daniel Sarmiento/ Caracol Radio

De regreso, a un lado de la vía, un grupo de Venezolanos que montaron una fundación regalan zapatos nuevos, comida y frazadas a quienes apenas empiezan la travesía, advirtiéndoles del frío y los riesgos mientras ondean una bandera venezolana y hacen una oración cogidos de las manos.

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Conforme cae la noche, disminuye el número de caminantes y empiezan a verse pequeñas hogueras a la orilla de la carretera y cambuches improvisados en el rastrojo. Algunos no paran y deciden seguir caminando en la oscuridad.

Diosdado, venite a Colombia a caminar con nosotros para que veas que esto es de verdad, que esto no es ningún montaje”… “No somos migrantes, somos desplazados por un régimen y no somos cobardes por salir de Venezuela, somos unos guerreros y vamos pa´ lante, cobardes los que se quedaron a morir de hambre”… “A Venezuela no vuelvo, espero encontrar alguna estabilidad y traer a mi familia, no quiero regresar a menos de que caiga este gobierno que nos tiene aguantando hambre”, son algunas de las frases que intercambiamos con estos venezolanos errantes mientras caminábamos por un tramo de carretera entre Chinacota y Pamplonita.