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“En Cartagena, dormimos en el baño y nos turnamos el abanico”

Más de 15 mil personas provenientes de Venezuela han llegado a La Heroica en busca de una nueva vida

En Cartagena hay, según el censo realizado por la alcaldía, 15.411 ciudadanos venezolanos que han encontrado en La Heroica su refugio a la crisis que afronta su país.

La situación es palpable a diario en las calles, donde ya es habitual encontrarlos, y el drama se acrecienta ante las pocas oportunidades que existen para ellos en la ciudad.

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Al principio era común verlos en cada semáforo vendiendo los llamados buñuelos venezolanos, haciendo malabares o bailando para ganarse algunas monedas mientras la luz está en rojo.

Algunos, principalmente mujeres, se concentran en el Parque Centenario, en donde con sus hijos pequeños se ponen a vender dulces a cambio de lo que la gente quiera dar sin importar el calor y el sol.

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Así nos contó Pedro Gándara, un venezolano que se vino de Carabobo con su mujer y sus dos hijos porque ya no aguantaban la situación en el vecino país, “con algo de dinero conseguimos comprar una freidora para que mi mujer se levante a las tres de la mañana y así hacer buñuelos venezolanos, que yo llevó hasta el semáforo de la Avenida El Lago donde me quedó todo el día a tratar de venderlos todos, pero no es fácil, escasamente nos alcanza para pagar el sitio que nos arrendaron en El Pozón”.

Para vivir, han tenido que ingeniárselas y pasar penurias.

Es común la modalidad de compartir casas entre grandes grupos, en los que todos aportan para poder tener un techo donde vivir.

Caracol Radio conoció la historia de 23 de estos ciudadanos que conviven en un mismo sitio en el barrio San José de los Campanos.

“Duermen en el baño, en la terraza, en el patio. Se turnan un abanico diariamente para mitigar el calor. La comunidad nos ha apoyado, para conseguir colchonetas, abanicos. Les pido lo que no estén utilizando a mis vecinos, y ellos nos colaboran”, cuenta la propietaria del inmueble.

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En el barrio Bicentenario, en las afueras de la ciudad, varias familias oriundas de ese país han tomado como residencia un salón comunal, con la anuencia de vecinos que comprenden la situación.

En otros barrios, ciudadanos venezolanos han invadido lotes baldíos construyendo casuchas de madera, situación que ha generado molestia entre habitantes de dichos sectores.

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“Nosotros comprendemos la situación de ellos, pero tampoco la autoridad puede permitir que construyan sus casas en cualquier lugar”, dice Sara Cabarcas, presidenta de la JAC de Fredonia.

Hay otros que les ha tocado vender tinto como es el caso de Agustín Quintero, quien se vino con su esposa pero dejo a su hijo en Caracas para que pueda terminar su carrera de administración y poder traérselo a Cartagena, “el sueldo en Venezuela no alcanza para nada, un kilo de queso o un kilo de carne es más caro que el sueldo mínimo y el resto del mes toca rebuscarse.”

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