Venezolanos, del confort al rebusque, mendicidad y prostitución en Medellín

Se dedica al trabajo informal en la calles y en los sectores céntricos de la capital de Antioquia.

Caracol Radio

Antonio Di Lisio tiene 22 años, una gorra para protegerse del sol, y, en las manos, unos volantes para repartir.

De Venezuela, trajo a su familia, pocas pertenencias: ropa, algunos elementos de aseo, pero también los sueños de todo ser humano por una vida mejor, para él, aquí en Medellín.

Your browser doesn’t support HTML5 video

Son los mismos sueños de miles de venezolanos que se refugian hoy en esta metrópoli antioqueña, acogedora e innovadora, pero también dura y competitiva; difícil y hasta silvestre.}

Lea también: El Páramo de Berlín, el paso obligado del que algunos no logran salir

Son sueños que para algunos se ha convertido en una pesadilla luego de la dramática travesía desde su país hasta estas montañas que rodean el valle de Aburrá.

Actualmente en Antioquia hay unos 70 mil venezolanos, muchos de ellos llegaron en una silenciosa marea humana hace unos cinco años y cada día siguen arribando, con una mano adelante y otra atrás, hoy dispuestos a lo que sea para sobrevivir.

Your browser doesn’t support HTML5 video

Un lustro atrás, las condiciones en su país y los recursos –incluidas la tasa de cambio- eran distintas, favorables para iniciar el éxodo y emprender una nueva vida en otros países, especialmente Colombia.

Arracimados en buses de cualquier línea o vehículos de cualquier propiedad, o caminando durante cuatro o cinco días han transitado por campos y paisajes colombianos para asentarse en esta villa de la Candelaria que goza en el mundo de todas las imágenes posibles: desde la pujante, fuerte y trabajadora, hasta la ciudad de cultura traqueta, amante del dinero fácil y del atajo.

Lea también: En el Atlántico piden declarar a los venezolanos como refugiados

Con esa angustia y en medio del afán por la supervivencia, Antonio Di Lisio forma parte de los centenares, miles tal vez, de venezolanos que cada día ingresan al mundo del rebusque en las calles y avenidas céntricas o periféricas, en inmediaciones de concurridos parques o centros comerciales.

Deambulan solos o en grupos, unidos como una piña, para lograr el propósito de llegar al final del día con algo para comer y dinero para pagar una noche de habitación en cualquier inquilinato. Pero muchos otros, lamentablemente, caen en situación de calle.

El Parque Berrío de Medellín ha sido el corazón de la vida citadina, y sus contornos muestran la dinámica de una urbe en constante crecimiento social y económico, con todos los problemas que ello arrastra. Ese icónico parque, cuyo nombre muchos usan para reafirmar su antioqueñidad al decir que nacieron en el Parque de Berrío, es hoy el escenario donde decenas y decenas de venezolanos se agolpan con toda clase de actividades: lavar carros en las calles, hacer maromas en los semáforos, o a vender dulces, caramelos, arepas, chuchería,sim card para celulares, flores, bates de béisbol…

También los hay que ofrecen servicios de acompañantes: los escort, como llaman a este servicio que puede incluir relaciones sexuales, una forma de prostitución. Pero también, no cabe duda, muchos se dedican a actividades ilegales en el centro de la ciudad.

Entre los 57 mil venezolanos que se refugian en la capital paisa, la mendicidad empieza a aquejar a estos extranjeros debido a la falta de recursos con que llegan y las dificultades para acceder a un empleo para la supervivencia.

“Se echan 4 o 5 días caminando… Hoy el venezolano que está llegando está más desprotegido que el que entró el año pasado, por el tipo de cambio. El dinero que tenga en Venezuela no le alcanza para vivir en Colombia… entonces caen en situación de calle”, admiten.

Ante esto, Corporación Humanitaria de Medellín decidió acoger a quienes llegan del país vecino y caen en este problema de la mendicidad o la indigencia, y les brinda un albergue.