El rebusque de los "chamos" en Sincelejo

Empanadas, dulces, manillas, bolis, helados; cualquier venta ayuda a mitigar el hambre.

Caracol Radio

La cifra de 2.096 venezolanos residentes en Sincelejo es baja, en una ciudad que pasa de los 300.000 habitantes. Sin embargo esto no es problema para la costumbre caribeña de exagerar para ser más contundente.

“No joda, hay más venezolanas que sincelejanas” expresa Victoria, nombre cambiado de una meretriz que “trabaja” en el parque Santander, el cual se ha convertido en un lugar muy frecuentado por venezolanos y venezolanas para vender 'cualquier cosa'.

Lea también: “En Cartagena, dormimos en el baño y nos turnamos el abanico”

Los pelaos vendedores de tinto, casi todos indígenas Zenú provenientes de Córdoba, se ven desplazados por venezolanas que, termo en mano, ofrecen a los visitantes del parque vasitos de café, a los mismos trescientos pesos, pero los hombres les compran más a ellas porque “están buenas”.

Además del parque los migrantes se encuentran en los semáforos y algunos recorriendo las calles.

Se rebuscan vendiendo empanadas, dulces, manillas, bolis, helados, sirviendo en restaurantes, por poco sueldo, para pagar la comida y arriendos de entre 80.000 pesos, por una pieza, hasta 600.000 por una casa, donde se meten varios.

Lea también: El Páramo de Berlín, el paso obligado del que algunos no logran salir

Quienes se podrían convertir en competencia para Victoria deben buscar otros sitios en la periferia porque el Parque Santander es como si se lo hubiesen escriturado a ella y sus cerca de 20 “colegas” que lo han convertido en su oficina.

En todo Sucre la cifra de inmigrantes del vecino país supera los 5.000, pero, incluso los propios venezolanos, aseguran que hay un subregistro debido a que muchos no acudieron a censarse por temor a ser deportados por entrar ilegalmente a Colombia.

Al menos en Sincelejo no están durmiendo en la calle ni están concentrados en ningún lote.

No está mal para una ciudad con poca oferta laboral que vive del rebusque y donde faltan oportunidades.

Lea también: Venezolanos, del confort al rebusque, mendicidad y prostitución en Medellín