Una noche en el refugio de caminantes venezolanos

Más de 2 mil personas han encontrado refugio en Tunja

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La noche es larga. Mientras unos descansan porque son los que tendrán que hacer guardia a la madrugada, otros están atentos por si llegan más venezolanos, como efectivamente lo hace un nuevo grupo de cinco personas.

“En la bomba que está allá arriba hay unos que están tres kilómetros más arriba”, dice el recién llegado, y su acompañante agrega, “esos son los que más nos preocupan porque están muy alejados”.

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Llegan con las maletas a cuestas, algunos con los pies llenos de llagas, otros con la preocupación de si obtendrán un cupo y otros sorprendidos porque la misma suerte los trajo hasta el lugar.

Al llegar son requisados, para garantizar que no carguen armas, nada cortapunzante y mucho menos drogas.

Los menores de edad no están permitidos si no están con los padres o si no tienen permiso legal.

Las reglas son claras: mujeres y niños en el segundo piso, hombres en el primero y si quieren hablar, el patio es el lugar.

A algunos hombres les toca dormir en una parte del patio que adecuaron porque las habitaciones no alcanzan y cuando se excede el cupo de 300 personas, hasta los mismos pasillos se adecuan.

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El menú está a cargo de los venezolanos Katiuska Noguera y Simón Saveedra, el locutor, el famoso “SS”.

“El menú de hoy es el famoso Tere Tere o Chanfaina o Asadura, eso tiene un preparativo bien especial, aceite, cebolla, después se le tira la famosa arepa venezolana y eso es una exquisitez”.

El refugio es también de una venezolana, de Anny Uribe, una abogada quien junto a su esposo colombiano Ignacio Rincón le dieron vida al lugar de paso. A ellos se unió Jorge Pirona quien ayuda a coordinar más otros colombianos que decidieron actuar una vez empezaron a ver personas durmiendo en las calles, como “Juancho Pizza”.

“Cuando la doctora empezó acá me dijo ‘Juanchito ya tomamos la casa’, no teníamos ni con qué hacerles un tinto y los primeros días que empezábamos acá llegaron como 200 personas. Y yo entré acá, y ver 50 personas en cada pieza durmiendo en el piso sin una cobija, sin un colchón, a mí se me soltaba la lágrima”, cuenta.

El refugio lleva solo un mes, pero ya ocupa dos casas y por los registros que tienen calculan que al menos dos mil personas han pasado.

Profesionales, madres, padres, hijos, hasta uno que otro militar desertor ha pisado el lugar.

Las donaciones así mismo han aumentado, hasta de la Cruz Roja los ha ayudado, pero las redes sociales como la radio comunitaria han sido herramientas fundamentales, como lo cuenta Jeidy Cruz, de la emisora Cristal Estéreo de Soracá.

“Hemos podido involucrarnos con historias bien llamativas con el fin de colaborar así que hemos tenido historias muy llamativas como la persona que deja de ordeñar para donar una paca de pañales”, cuenta.

La parte dura, lo difícil, es que los mismos caminantes que llegaron días atrás y que se convirtieron en personas de confianza de los fundadores del lugar, tienen que decirles a sus compatriotas que superan las 24 horas y están sanos que se vayan, pues vienen más.

Estas personas son del equipo de seguridad, cada una también con su historia, son las que se turnan para dormir porque así como pueden llegar personas a las tres de la mañana, otros emprenden su viaje desde las cinco de la mañana.

Van para Bogotá, Ecuador, Perú y no saben el camino, van preguntando y cantando.

“En las montañas del Sorte por Yaracuy, en Venezuela hay una diosa”, cantan.