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Indignarse con la mafia internacional de curas abusadores de niños

Cuando se trata de defender a los niños de constantes abusos sexuales de sacerdotes y adultos, no hay protestas al frente de las iglesias.

Curas con sida violando niños, obligándolos a practicarles sexo oral para después lavarles la boca con agua bendita para purificarlos. Un sacerdote que viola una niña, la embaraza y después la obliga a abortar.

Curas que trabajaban en llave y se intercambiaban información de sus víctimas. Crean fotos y videos pornográficos pegándole con látigos a los niños, haciéndoles sadomasoquismo y compartiendo el material. “Es la palabra tuya contra la de Dios”, les decían los sacerdotes a los niños para intimidarlos y evitar que hablaran. 

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Estos y otros casos aún más aberrantes, reveló el reporte del jurado investigador (grand jury) de Pensilvania, que un documento de 900 páginas y después de dos años de investigación, acusó a más de 300 curas de abusar sexualmente de al menos 1000 niños menores de edad durante 70 años. 

Aunque este es el escándalo de abuso sexual más grande que se ha conocido en la historia de Estados Unidos, no es el único. En el 2002 el periódico el Boston Globe destapó una cadena de abusos sexuales en esa ciudad donde al menos 552 niños fueron violados y abusados por los sacerdotes de la iglesia católica. En el 2003, 240 niños fueron víctimas en Louisville. En el 2005, 87 niños en Orange California. En 2006, 46 niños en Los Ángeles y así cada año un escándalo nuevo. Fue tal el número de escándalos que la propia Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos comisionó el famoso reporte John Jay en 2004. Un documento que reveló que entre 1950 y 2002 se dieron 11.000 casos de abuso sexual a menores por parte de 4,392 curas en Estados Unidos. De los abusados, 80,9% eran niños y 19,1% eran niñas menores de 18 años, revelando la homosexualidad de los sacerdotes en la iglesia católica estadounidense.

Fuente: Reporte John Jay

Al respecto, la iglesia ha tratado de tapar los escándalos repetidamente. “Los archivos secretos de las diócesis fueron la columna vertebral de la investigación y corroboraron el gran número de víctimas. Además, ilustraron el sistema para tapar los crímenes por parte de oficiales de alto rango en la iglesia que en ocasiones llegaban hasta el Vaticano”, afirmó Josh Shapiro, fiscal estatal de Pensilvania que presentó el reporte sobre el reciente caso de abuso sexual de menores. 

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Sin embargo, la iglesia termina tratando estos abusos como asuntos internos y los responsables son ajusticiados por las leyes canónicas internas. Sus superiores, antes de retirarlos de la iglesia, suspenderlos o denunciarlos ante la justicia ordinaria, los reasignan a otros cargos y otras ciudades. Después, simplemente llegan a acuerdos económicos con las victimas y la justicia. De hecho, según la agencia de prensa Associated Press, la cifra de acuerdos económicos a los que ha llegado la iglesia por abusos sexuales supera los 3.000 millones de dólares al 2012, o sea $9 billones. Tanto, que 8 diócesis en Estados Unidos, se han declarado en bancarrota por los altos costos que han pagado por los acuerdos económicos que hacen con sus víctimas. 

Su forma de proceder parece como la de una mafia internacional de abusadores sexuales. Esconden y callan los abusos sexuales como si tuvieran un pacto de silencio, un código omerta entre curas, se pasan por encima a la ley ejerciendo su propia justicia y solucionar los problemas a punta de plata. Es como si hubiera una mafia internacional de curas abusadores en la que ninguno dice nada y sus crímenes contra los niños siguen en la impunidad o simplemente se negocian.

Fuente: Reporte John Jay

Lo más preocupante es que como sociedad nos estamos haciendo los locos con este grupo de abusadores sexuales que operan desde las iglesias. Como que sabemos que ahí están, que siguen abusando de los menores, pero que es algo que se tiene que aceptar porque se trata de la iglesia, de la máxima representante de Dios en la tierra. Un poder que no nos atrevemos a cuestionar y responsabilizar de lo que sigue haciendo con los niños.

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