Tecnología para Educar

Juan Sebastián Rozo, ex ministro de las TIC, destaca lo fundamental que la tecnología se convierte para la educación en regiones apartadas del país.

Juan Sebastián Rozo

Por: Juan Sebastián Rozo

En pleno desierto guajiro, en la Vereda El Estero de Riohacha, el profesor Juan Carlos Epinayú cuenta que nada volvió a ser igual para él y sus alumnos desde que al Centro Etnoeducativo No. 12 llegaran 30 tabletas precargadas con contenidos pedagógicos que les permiten a sus estudiantes aprender desde matemáticas y ciencias naturales, hasta realizar videos en Wayuunaiki para preservar la lengua de su pueblo.

A muchos kilómetros de distancia, en Buenaventura, Valle del Cauca, vive Mary Lili Caicedo, una profesora de sonrisa amable de la Normal Superior Juan Ladrilleros. Gracias a un aula virtual creada por ella misma, logró que los puntajes de sus alumnos en las Pruebas Saber mejoraran y hoy se ubican por encima del promedio nacional en sus competencias de inglés.

Son miles los casos como los de Juan Carlos, Mary Lili y Lucy, que demuestran que la educación en Colombia ha venido experimentando una verdadera transformación de la mano de la tecnología y en especial a través del programa Computadores para Educar, una iniciativa conjunta de la Presidencia de la República, del Ministerio TIC y del Ministerio de Educación, que en pocos meses cumplirá 18 años de operación.

Este programa tiene como objetivo promover el uso de la tecnología para fortalecer el proceso educativo de los niños y niñas en las instituciones educativas publicas del país. De ahí que los contenidos educativos con los que están dotados los equipos permitan enseñar materias como matemáticas, lenguaje, artes y ciencias, y además adquirir las habilidades digitales que nuestros niños necesitarán para su futuro cercano.

Durante los últimos ocho años, la brecha digital en educación se redujo en un 83%. Mientras en 2010 teníamos 24 niños por computador, esto es, más de dos equipos de futbol haciendo fila para usar un computador, hoy son solo 4 niños los que comparten un terminal. Esta escena se repite especialmente en regiones apartadas en las que los maestros asumieron, pese a las dificultades de su entorno, la apropiación de la tecnología para mejor la calidad del aprendizaje y las oportunidades de sus estudiantes.

El impacto de Computadores para Educar en las instituciones educativas de Colombia ha sido contundente, tanto así que en las escuelas y colegios beneficiados con formación docente los estudiantes mejoraron su desempeño en las Pruebas Saber, aumentando así su posibilidad de ingresar a la educación superior. Además, en estas instituciones las tasas de repitencia y deserción escolar disminuyeron significativamente.

Hay dos factores esenciales que permiten explicar estos grandes logros. En primer lugar, la dotación de más de 2.8 millones de equipos (computadores y tabletas) a 43.000 sedes educativas de todo el país ha logrado atacar de raíz la brecha de acceso. El segundo factor es la apuesta por formar a 160.000 docentes oficiales (esto es, la mitad de los que tiene Colombia), en el uso y apropiación de las TIC, con una inversión que supera los $1.5 billones en los últimos 8 años. La formación de profesores permitió que estos integren la tecnología en el ecosistema educativo de manera eficiente y asertiva.

Educar con tecnología ha sido un propósito de país. Lo entendieron centenares de alcaldes y gobernadores de buena parte de Colombia, que no dudaron en apostar por la cualificación tecnológica de las instituciones educativas de sus regiones, lo que también le ha dado aún más impulso al programa y ha potencializado su impacto.

Atrás van quedando, poco a poco, las clases dictadas con tiza y tablero, para darle paso a procesos educativos en los que los profesores convierten las TIC en aliadas y protagonistas en la formación de sus estudiantes.

Es cierto que en este mundo de la tecnología todo evoluciona a un ritmo acelerado, y es evidente que este programa no es la excepción. Computadores para Educar tuvo sus inicios hace casi 30 años con el Conpes 3063 de 1999 y el Decreto 2324 de 2000, y sin duda ha evolucionado.

Pasó de ser un programa previsto para recolectar y reacondicionar computadores para ser donados a escuelas del país, a convertirse tanto en uno de los programas del gobierno nacional de mayor impacto social a través de las TIC, como en un referente de aprovechamiento de residuos electrónicos a nivel latinoamericano.

Su continuidad, estoy convencido, debe asegurarse y su evolución no debe detenerse. Este programa, por ejemplo debe adaptarse a la aparición de nuevas tecnologías o tecnólogas emergentes como la Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas (IoT), el Big Data, llevándolas a las aulas educativas de Colombia. A través de esta iniciativa, el país debe seguir fortaleciendo el ecosistema educativo y lograr que los estudiantes colombianos desarrollen las habilidades y el conocimiento para enfrentar los retos de un mundo en el que la tecnología es el nuevo lenguaje. Por eso su nombre debería evolucionar y pasar a llamarse Tecnología par Educar.

Si no fuera por este programa cientos de miles de niños y niñas del país, especialmente los que viven en las zonas rurales y veredas, jamás hubiesen siquiera tenido la oportunidad de conocer un computador, ni acceder al mar de información que a través de ellos es posible explorar. Su vida hoy ya no es la misma y no tengo duda de que podrán tener mejores oportunidades para su desarrollo personal, familiar y profesional. Su futuro podrá ser mejor.

Me quedo con las palabras del profe Juan Carlos: “Cuando todos nos esforzamos en que un niño aprenda es posible hacer cosas que parecen imposibles, como encender una tableta en medio del desierto”. Razones sobran para seguir haciendo esta apuesta, que nos permite lograr un país donde la educación y el acceso a la información no es un privilegio de unos pocos en las ciudades, sino un derecho garantizado para los niños y las niñas en todo el territorio nacional.