El protocolo para controlar un incendio forestal en Colombia

La primera respuesta está en los municipios, pero la intervención de otras entidades es vital.

“La mejor brigada de emergencia es la que no tiene que extinguir ningún incendio”, afirma Luis Fernando Gil, bombero voluntario con 16 años de experiencia e instructor operativo del Cuerpo de Bomberos de Itagüí. “No es que esa brigada no trabaje”, aclara, “es que su gestión está enfocada en sensibilización y prevención, como debe ser”.

De acuerdo con los manuales de capacitación de bomberos, desarrollados y perfeccionados a lo largo de muchos años en el mundo entero, cualquier protocolo para el control del fuego comienza con la prevención, y esta, con la sensibilización.

Ambas, en el caso de los incendios forestales en Colombia, son responsabilidad de los Consejos Municipales o Departamentales de Gestión del Riesgo y, por supuesto, de los ciudadanos. Veamos por qué.

De acuerdo con las políticas de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres –UNGRD–, que en Colombia es el ente de dirección, orientación y coordinación de este delicado asunto, “todos los municipios deben contar con un programa de sensibilización y educación ambiental para la prevención de incendios forestales, así como una guía para capacitar a las Juntas de Acción Comunal –JAL–, a los Comités Locales para la Prevención y Atención de Desastres y a los Cuerpos de Bomberos.

Dicho programa de sensibilización y educación ambiental nos debe impulsar a nosotros los ciudadanos, a tener los conocimientos necesarios para prevenir incendios y a realizar las acciones necesarias para lograrlo; por ejemplo, no arrojar al suelo colillas o fósforos encendidos, ni botellas o pedazos de vidrio, pues estos últimos pueden actuar como lupas y enfocar la luz solar hacia un trozo de material que inicie el fuego.

Incluso debemos ir más allá: reunirnos con los vecinos para hacer recorridos de inspección sobre el terreno, en los que recojamos botellas y pedazos de vidrio, y en los que también observemos los riesgos de incendios forestales debidos a la presencia de matorrales altos y secos, de personas que están encendiendo fogatas por diversión o de pirómanos dispuestos a provocar incendios con el único fin de causar daños en nuestro territorio. En todos estos casos debemos dar aviso de inmediato a los bomberos de nuestra localidad.

¿Y si detectamos un incendio forestal, qué debemos hacer? Lo primero es ponernos a salvo. Alejarnos de él caminando o corriendo contra el viento y si el fuego está localizado en una pendiente, desplazándonos hacia la parte baja de la ladera. Lo segundo es dar aviso a los bomberos de la localidad.

Por la naturaleza misma del fuego, por su capacidad de desplazarse y crecer en pocos segundos, la atención inmediata de un incendio forestal está a cargo del cuerpo de bomberos y la brigada de emergencia más cercana al sector donde se inicia.

Son ellos los responsables de enfrentar el fuego y dar aviso a las entidades que hacen parte del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, para activar un protocolo de respuesta que puede involucrar la participación articulada de organismos del municipio, el departamento y la Nación, en el marco de los Planes de Contingencia Departamentales y Municipales para la Temporada Seca.

Este protocolo, que está contemplado en la Ley 1523 de 2012, reúne los procedimientos acordados frente a la respuesta a incendios forestales y muestra los conductos regulares que se deben seguir, con el fin de “optimizar los esfuerzos y garantizar la efectividad de la operación en caso de llegar a requerirse”.

Como lo explica el bombero Luis Fernando Gil, “en las situaciones de emergencia generadas por un incendio forestal, es necesario dar una respuesta rápida, oportuna y ordenada, con el fin de evitar que este alcance niveles de desastre o calamidad”.