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Los estilos de la política

Francesco Manetto, Corresponsal jefe de EL PAÍS en Colombia, se refiere a las primeras semanas de Iván Duque como presidente electo de Colombia.

Sucede a diario en Colombia y se vio también durante su reciente visita a España. El triunfo de Iván Duque en las elecciones presidenciales casi genera más debate en torno a su mentor, el expresidente Álvaro Uribe, y sus vínculos con él que sobre su proyecto o programa de gobierno. En el abanico de opiniones se mezclan cierto dogmatismo, esperanzas y temores. Y probablemente, estas consideraciones quedarían mucho más diluidas en la conversación pública si el fundador del Centro Democrático tuviera no tanto otro recorrido político, quizá ni siquiera otro historial de críticas y enemistades, sino simplemente un estilo distinto. Ese tópico milenario, en particular del pensamiento estético, que tiende a hacer coincidir la forma con el fondo es sin duda un lugar común. Pero no por eso deja de manifestarse cada día en las artes, en las relaciones interpersonales, en los afectos y, por supuesto, en la política. Y en política la mera percepción, positiva o negativa, de un carácter es a menudo el elemento que determina su fortuna.

La fascinación por un líder fuerte, con pocos matices, tiene una larga tradición en América Latina. Hay distintas vías para crear hegemonía y Uribe eligió un camino que, por sus decisiones y sus modos especialmente beligerantes, sigue despertando amores y odios. Parece evidente que esa no es una premisa oportuna para el que, al menos sobre el papel, es el principal propósito de Duque, quien asegura que busca unir al país. Esta semana el presidente electo aseguró en una entrevista con EL PAÍS, realizada en Madrid, que él y el senador son “personas distintas”. Debería ser una obviedad, pero no lo es si todos se preguntan si será capaz de emanciparse o cuándo lo hará. “Yo creo que el mundo no se basa en pensamientos únicos. Tenemos diferencias de estilo, diferencias de comunicación, diferencias políticas, diferencias de aproximar ciertas discusiones”, aseguró.

Quizá la clave se encuentre precisamente en esas discrepancias, que no tienen que ver tanto con el fondo de la ideología sino con su puesta en práctica, con la forma de aplicarla a la realidad, con la capacidad de leer una sociedad y saber hacer concesiones en pro de la convivencia y de la salvaguarda de los derechos. Más allá de los mensajes que trasmita la composición del nuevo Gobierno, en la que se tratará de adivinar quién manda y quién no. Más allá del patrimonio simbólico del uribismo, que indudablemente acompañará el comienzo de este mandato. Más allá de todas las polémicas, esas diferencias, aparentemente superficiales y sin embargo de fondo, pueden constituir, a mediano plazo, el verdadero espacio del duquismo.

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