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El Prismático
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Ganar sin pasar por las urnas

Francesco Manetto, corresponsal del diario El País en Colombia, explica el panorama político que afronta España, con nuevo presidente de gobierno.

Este viernes se inauguró una etapa en España. Después seis años y medio en el Gobierno, el presidente Mariano Rajoy y el Partido Popular, la formación mayoritaria del espectro político, dejaron el testigo a Pedro Sánchez, líder del PSOE. Este cambio no responde al veredicto de las urnas sino a un procedimiento previsto por la Constitución de 1978 llamado moción de censura. Se trata del cuarto intento en los últimos 38 años y es la primera vez que prospera esta iniciativa, que permite a un dirigente de la oposición intentar reunir una nueva mayoría parlamentaria.

La etapa que comienza es muy incierta precisamente por la debilidad de esa mayoría, por lo que la estabilidad del próximo Ejecutivo no está garantizada. El Partido Socialista solo cuenta con 84 curules en el Congreso de los Diputados de un total de 350 y Sánchez logró sacar adelante su plan no solo gracias al apoyo de Podemos, la fuerza antiestablishment que ocupa el extremo izquierdo del tablero, sino también de las formaciones independentistas catalanas y vascas. Todo esto ocurre, además, cuando la grave crisis institucional por la que atraviesa Cataluña está lejos de resolverse.

Pero, ¿a qué se debe este terremoto político? La semana pasada, la Audiencia Nacional, un alto tribunal con jurisdicción en todo el país, determinó que el Partido Popular se financió a través de una contabilidad paralela ilegal, una caja b. Esta trama corrupta y su red de empresas, conocida como Gürtel, se instaló en la sede nacional del PP durante la etapa del expresidente José María Aznar. Cuando Rajoy asumió las riendas del partido se mudó a la Comunidad Valenciana.

Esta condena desencadenó la moción de censura. El jefe del Ejecutivo tenía la opción de dimitir para ganar tiempo y frenar, al menos por el momento, ese procedimiento. No lo hizo. Pero lo que sucedió en Madrid en los últimos días demuestra, en cualquier caso, la solidez de la arquitectura democrática de España. El Gobierno cayó porque así lo decidió el poder legislativo. Y este actuó movido por la sentencia de un tribunal. Es decir, lo que hemos visto deja sin argumentos a quienes, sobre todo a raíz del conflicto catalán, cuestionaron con soflamas demagógicas y populistas la independencia de la justicia y la separación de poderes.

Ahora, Pedro Sánchez tiene ante sí varias opciones. Puede agotar la legislatura hasta 2020. Este camino quizá sea el más accidentado. La convivencia entre el PSOE y Podemos, su principal rival en las urnas, resulta difícil de imaginar. Más aún un entendimiento estable con las formaciones separatistas. El nuevo presidente puede esperar un año y convocar elecciones en 2019, haciendo coincidir así esos comicios con las europeas o las regionales y municipales. Pero mientras tanto, Sánchez, que rechazó la posibilidad de competir con Rajoy en un adelanto electoral inminente, tiene la obligación de formar un Gobierno prudente, administrar para todos y evitar revolver las tensiones ideológicas que sobrevuelan la política española.

 

 

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