Venezuela, más allá de sus fronteras

Esta vez el corresponsal del diario El País de Colombia, Francesco Manetto, contextualiza la situación de Venezuela y su migración de ciudadanos.

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La gravísima crisis que atraviesa Venezuela cruza sus fronteras a diario. Lo hace simbólicamente y materialmente. Las consecuencias de la gestión del régimen de Nicolás Maduro son una de las principales preocupaciones de América y de Europa. En las dos orillas del Atlántico se habla de ese país. A veces, incluso sin conocerlo demasiado. El debate generado por el desastre económico del chavismo contribuye a polarizar la confrontación política y tensa las campañas electorales como pasa desde hace meses en Colombia. Pero la propaganda de los valedores de la llamada revolución bolivariana, que siguen haciendo ruido en medio mundo aferrándose a una visión pseudo-romántica de la realidad y a una supuesta épica antiimperialista, se basa más bien en el desconocimiento de la situación, en el autoengaño o, en el peor de los casos, en el engaño a secas.

Porque lo que ocurre en Venezuela es tangible y visible. La población vive bajo el yugo de una inflación galopante que amplifica la miseria, día tras día. Los precios se multiplicarán por 18.000 en dos años, según el Fondo Monetario Internacional. Los ciudadanos huyen, cada vez más. Y Colombia es el primer testigo de esa emergencia. El presidente, Juan Manuel Santos, confirmó esta semana que los migrantes superan el millón. Muchos de ellos, en tránsito hacia Ecuador, Perú o Chile. Pero cientos miles llegaron con la intención de quedarse, lo que supone una experiencia inédita que, según una encuesta realizada por Cifras y Conceptos, alimenta las inquietudes de los colombianos en materia laboral o de seguridad.

Es normal, por tanto, que Venezuela sea uno de los temas de la campaña presidencial. Y no lo es tanto por las proclamas de Maduro, sino por los efectos de su proyecto político. Por algo concreto. No cabe en este caso especular sobre estrategias electorales y pensar que a un candidato o a otro le venga mejor o peor que el país vecino esté en el debate. Porque ya está en la cotidianidad de todos. Y el drama de los venezolanos es real.

Queda por ver qué camino emprenderá el sucesor de Hugo Chávez después de las elecciones del 20 mayo, que se celebran una semana antes de las colombianas. Cabe esperar que, tras revalidar su cargo en unos comicios que parecen un mero trámite, continúe la deriva del régimen, con mayor o menor disimulo. El aparato chavista ya se aseguró el control de la convocatoria, en la que no participan la mayoría de las fuerzas opositoras. Es decir, ya nos hizo ver que no tiene intención de soltar las riendas del poder, aunque, como es habitual, quizá haga alguna cesión que le permita defender ante el mundo un falso relato de apertura.