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Arsénico, manganeso y aluminio contaminan las aguas subterráneas en Amazona

El agua subterránea de la región de la cuenca del Amazonas, muy utilizada como agua potable y para otros fines por los seres humanos, está contaminada

Leticia (Amazonas)

El estudio, llevado a cabo por un equipo de científicos de Suiza, Perú y Brasil con el apoyo de la Fundación Nacional Suiza para la Ciencia y del Centro de Cooperación y desarrollo de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, se presentó en la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencia (EGU) que se celebra en Viena. 

"En muchos lugares nadie es consciente de este problema", pues, por ejemplo, el aluminio no deja ni sabor ni olor en el agua, explicó en rueda de prensa la geóloga Caroline de Meyer.

Al analizar acumulaciones de agua de más de 250 puntos, el equipo ha detectado concentraciones de arsénico "hasta 70 veces" más que el máximo de 10 microgramos recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el caso del manganeso, las cantidades detectadas eran quince veces superiores a las recomendadas y la presencia del aluminio, tres veces mayor.

Muchas aldeas de la zona, e incluso ONGs que trabajan sobre el terreno, recurren al agua subterránea como alternativa a la contaminada del río Amazonas, pero el descubrimiento de los científicos muestra que la solución está lejos de ser idónea y plantea nuevos desafíos.

En la primera fase del estudio se han publicado los resultados de los análisis en Perú, pero actualmente se están analizado muestras de pozos en el noroeste de Brasil. Los ríos que comienzan en los Andes van dejando sus sedimentos a lo largo del cauce, explicó la geóloga, y de ahí se filtran a los pozos bajo tierra.

La investigadora reconoció que los elementos contaminantes son de origen "geogenético", es decir, resultan de procesos geológicos naturales y no provienen de contaminación industrial.

El agua con mucho arsénico suele contener también mucho hierro, que le da un tono rojizo al entrar en contacto con el aire. "Por eso, afortunadamente, la gente la deja reposar y el hierro queda sedimentado abajo, con parte del arsénico", recordó.

Los investigadores aún no han determinado cuántas personas están afectadas por el problema. Sin embargo, como ésta es una zona de escaso saneamiento y desarrollo, Meyer aseguró que no hay una solución sencilla al problema.

"Se podría intentar filtrar el agua, lo que no serviría para todos los elementos, o tal vez buscar acuíferos seguros que, por lo que hemos descubierto, suelen estar a mayor profundidad", dijo.

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