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Cataluña y el 'marketing' de Puigdemont

El corresponsal del diario El País de Colombia, Francesco Manetto, contextualiza la situación política en Cataluña.

Las inquietudes por las consecuencias del desafío independentista de Cataluña han vuelto en los últimos días a sacudir con fuerza la política española. Esa comunidad autónoma, es decir, una entidad territorial similar a un departamento, aún no tiene Gobierno regional desde las elecciones celebradas días antes de Navidad. No tiene presidente, pero tampoco expresidente, ya que Carles Puigdemont huyó a Bélgica para evitar la justicia, que le imputa un delito de rebelión por la celebración, el pasado 1 de octubre, de un referéndum secesionista ilegal y sin garantías para los votantes.

 

 

¿Qué ha pasado con este exdirigente separatista y por qué lo que ocurre en sus periplos por Europa no solo es relevante para España sino también para el continente? Puigdemont se fugó a Bruselas a finales de octubre, alimentando una imagen de mártir que nada tiene que ver con el martirio, puesto que llevó a Cataluña a un callejón sin salida, pero que se ha revelado como una campaña de marketing eficaz, al menos a escala internacional.

 

 

Cuenta con varios artificios retóricos para ganar la batalla en un concurso de relatos. El argumento del 'queríamos votar', que es imbatible si alguien no se pregunta para qué, en qué condiciones, en perjuicio de quiénes y, sobre todo, si ese voto es legal. Tiene de su parte una lectura superficial de la parábola de David y Goliat, del supuesto perseguido por un Estado opresor. Y enfrente, además, hay un Gobierno que no ha sabido resolver una situación de conflicto ni rebajar la tensión.

 

 

Este choque se da en España, obviamente, pero la cuestión catalana es hoy también una cuestión europea en la que colisionan los sistemas judiciales y los criterios de los jueces. El 25 de marzo Puigdemont fue detenido en Alemania en virtud de una euroorden de arresto, pero el pasado jueves un tribunal lo puso en libertad bajo fianza. Esa decisión, fundamentada en las leyes de ese país, se convirtió en una nueva bala para la operación de propaganda del independentismo, que dice ver en ella una acusación a la democracia española. 

No. No es así. Lo que ocurre es que ese tribunal no aprecia equivalencia en los delitos de rebelión, atribuido al expresidente catalán, y el correspondiente alemán de alta traición. Es decir, el juez no le otorgó directa o indirectamente el estatus de perseguido ni tampoco le exime de sus responsabilidades. Pero, mientras tanto, continúa la campaña de marketing de los separatistas.

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