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Dónde está la bolita
Dónde está la bolita

El 11 de marzo: entre LA REGLA y la excepción

Esperando el 11 de marzo, la frase más escuchada estos días entre los colombianos, en unas elecciones que repiten el libreto de prácticas cuestionadas

La campaña electoral para el Congreso entró en su último tramo, el que pone nerviosos a los candidatos, pero a la vez una recta donde se ponen en práctica las más cuestionadas costumbres políticas para conseguir votos.

Colombia es un país donde la opinión electoral no supera el 20% y por eso queda mucho espacio para pelearse al elector raso a punta de tejas y cemento, mercados, puestos y plata que se reparte entre líderes de barrio que van ofreciendo electores amarrados como mercancía.

Por esos los congresistas de opinión son la inmensa minoría en un legislativo de 268 integrantes.

Ya la MOE (Misión de Observación Electoral) tiene documentados 170 municipios donde coinciden riesgos electorales tanto por problemas de fraude como factores de violencia, mientras la Procuraduría está a la espera de que 847 alcaldes, de 1.122, reporten nombramientos y contratos entre el 11 de noviembre y el 26 de enero.

Alcaldes que se vuelven jefes de debate de los candidatos, clanes que mantienen el control político local, contratistas que financian campañas y guerra sucia sin tregua, han sido el común denominador de estas elecciones en las que la gente no alcanza a dimensionar la importancia de elegir a conciencia a unos legisladores que tendrán que decidir sobre edad de pensiones, impuestos, educación y justicia.

Por eso no es de extrañar que la historia se repita y que las campañas transparentes sean la excepción.

Aquí algunos ejemplos de lo malo y de lo bueno por estos días:

En Hora 20 el candidato Julián Silva (verdes) revela que le han ofrecido paquetes de 50 votos a 7 millones.

·Un joven emprendedor se acerca a buscar el aval del Partido Liberal y no le preguntan por programas o propuestas sino cuántos votos y cuánta plata tiene.

·Francia Márquez-Mina, candidata por las comunidades afro, financia su campaña con actividades de sus organizaciones que organizan ollas comunitarias.

·Paula Valencia, una vendedora ambulante, vende dulces y hace campaña en los buses de Transmilenio.

·Una candidata ha visto en sus recorridos por Bogotá el “lado ciudadano de la corrupción”, como ella lo llama: personas que se le acercan y le dicen que lo que está mal de la corrupción es que no “nos cumplen con la plata o los puestos que nos prometen”.

·Líderes locales buscan a esa misma candidata y le dicen que sus compañeros de lista les ofrecen mercados y puestos en las alcaldías locales y que ella qué ofrece.

·En la plaza de Soacha un líder local persigue a un candidato cercano a Mockus para ofrecerle un “botín” de 2.500 votos. A cambio de ella le pide transporte y un paquete de “sim card”.

El 12 de marzo los medios volverán a la pregunta de qué tanta renovación hubo en el Congreso.

La respuesta, matizada, podría ser la misma de hace cuatro u ocho años.

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