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COLOMBIA TOROS

Oreja al peruano Roca Rey en tarde gris de ganadería Juan Bernardo Caicedo

Víctor Diusabá

Manizales (Colombia), 12 ene (EFE).- El torero peruano Andrés Roca Rey cortó la única oreja de la cuarta corrida de la 63 Feria de Manizales, en la que un descastado encierro de Juan Bernardo Caicedo brindó escasas posibilidades a los alternantes, a excepción del primero de la tarde.

Roca Rey obtuvo su trofeo en la lidia de un ejemplar sobrero de Santa Bárbara.

El francés Sebastián Castella y el local José Arcila se fueron con las manos vacías. La plaza estuvo cerca del lleno y el tiempo fue fresco en general, con algo de lluvia en la lidia del segundo de la tarde.

FICHA DEL FESTEJO

Seis toros de la ganadería Juan Bernardo Caicedo, bien presentados pero escasos de juego, a excepción del primero, que anduvo cojo en la recta final de la faena. Los demás, sin fondo y pitados en al arrastre casi todos.

Fueron devueltos sexto y sexto bis, por mansedumbre y problemas de visión. Un sobrero de Santa Bárbara, con movilidad, remendó la corrida.

Sebastián Castella (malva y azabache). Saludo y palmas. Tres cuartos y descabello. Entera.

José Arcila (azul rey y oro). Saludo y saludo. Entera. Dos pinchazos y descabello.

Andrés Roca Rey (berenjena y oro). Entera y entera.

ROCA REY CORTA OREJA EN CORRIDA SIN POSIBILIDADES DE JUAN BERNARDO CAICEDO

A la hora del cierre de la cuarta de abono de la Feria de Manizales, el diestro Andrés Roca Rey se hizo al único trofeo de la tarde, una oreja, en la lidia del sobrero de la ganadería Santa Bárbara, tras decepcionante encierro del hierro titular, Juan Bernardo Caicedo.

Roca Rey aprovechó la movilidad del ejemplar que debió sustituir a dos toros sextos, para los que la Presidencia sacó la bandera del regreso a corrales, por mansedumbre (en inexplicable decisión) y problemas de visión en el otro.

En la muleta, el torero peruano supo llevar a su enemigo por caminos que le dieron notoriedad en las embestidas. Un buen espadazo cerró la tarea para recoger una oreja.

Los turnos que antecedieron esa única satisfacción fueron marcados por el aburrimiento. A excepción, eso sí, del primero de la tarde, en el que Sebastián Castella alcanzó a vislumbrar el éxito en las tandas templadas que sacó de un toro noble y fijo.

Cuando todo parecía encarrilado, el toro presentó problemas en una de sus extremidades anteriores que obligaron a abreviar al francés.

El segundo toro permitió algún lucimiento del local José Arcila, quien se despidió de esa lidia con saludo, reconocimiento a su poder y evidentes progresos.

A partir de ahí, la corrida entró en barrena. Tercero, cuarto y quinto (a cargo de Roca Rey, Castella y Arcila) se fueron en el arrastre acompañados de pitos.

Solo la llegada de ese sexto del hierro emergente permitió, con las manos de Roca Rey de por medio, una mínima satisfacción a los espectadores, sin alcanzar, claro está, a salvar los muebles de una jornada decepcionante.

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