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Telescopio Global
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Lo que deja el 2017 en la aldea global

Las ruinas de varias ciudades en Irak y Siria, las ratas circulando por basurales, la sombría procesión de seres humanos deambulando sin destino y sin esperanza, algunos de los hechos más significativos.

Desde el 20 de Enero sobre el planeta todo gravita la espesa sombra de Donald Trump, su interminable andanada de trinos, el paulatino cumplimiento de sus polémicas promesas electorales, su desdén por los valores de la democracia y el imperio de la ley y la incertidumbre que no se disipa sobre sus intenciones como inquilino de la Casa Blanca para los tres o siete años que le quedan.

Aprovechando la aparente confusión en la política exterior de Trump, Rusia y China, a quienes Estados Unidos en su reciente “estrategia de seguridad nacional” denunció como “principales amenazas” para la seguridad y prosperidad americanas , cimientan su alianza basada en el enemigo común y para copar los espacios que la política de “America First” está vacando en todos lados. Sobre la disfuncional triada Putin, Xi, Trump yace el futuro del mundo para los días por venir.

Las ruinas de varias ciudades en Irak y Siria, las ratas circulando por basurales, la sombría procesión de seres humanos deambulando sin destino y sin esperanza por los escombros, atestiguan el dantesco final del Califato de ISIS. Su lugar lo ocupan otros no mejores: Bashar al Assad, las milicias shiitas, Hezbollah y La Guardia Revolucionaria al servicio de los Ayatolas iraníes. ISIS no desaparece, se repliega y se desplaza a otras latitudes: Libia, Filipinas, Yemen, Somalia y si las circunstancia que le dieron origen en Mesopotamia, léase marginación de la minoría sunita en Irak y la mayoría sunita en Siria no son superadas, volverán los radicales a azotar estas castigadas tierras.

Destino similar a ISIS sufrió en 2017 la oposición venezolana, aniquilada por sus propias fracturas, las hábiles maniobras del otrora subestimado Nicolás Maduro, una “constituyente” espuria que funge de consejo superior de la “cosa nostra chavista” y unos organismos regionales cooptados por petrodólares, ahora “petros”. Algún día alguien, posiblemente, ofrecerá una explicación razonable de como Venezuela descendió al mismismo infierno del cual no se vislumbra salida alguna para el “bravo pueblo”. Aunque como decía el Nobel, “no hay mal que dure cien años, ni puebla que lo resista”. Faltan 80 todavía.

Los otros referentes de la izquierda latinoamericana del ALBA fueron en direcciones opuestas. Mientras que en Ecuador hubo transición democrática del poder de Correa a su heredero, Lenin Moreno quien al poco tiempo impuso su impronta y se desmarcó de su mentor, en Bolivia, Evo Morales quien fue derrotado en un referendo reeleccionista, entro en pánico con el escenario de Quito, decidió desconocer el resultado del referendo y gracias a una leguleyada de su cooptado tribunal constitucional, pretende atornillarse en el poder a la usanza de su ídolo, el Teniente Coronel de Caracas.

2017 marcó el final de un nonagenario dictador al que sus pares, Maduro incluido, quisieran emular: Don Robert Mugabe quien finalmente sucumbió tras 37 años en el poder en Zimbabue, pasando de héroe a villano, condenando a la miseria y la perdición a un rico país.

En 2017 la crisis política llegó adonde nunca debió llegar, testimonio de los desafíos de gobernar en el siglo XXI. Alemania, bastión de una Europa que se descose por todos lados, país inmune a la crisis de 2008, la del pacto social e índices sociales envidiables, no ha podido formar gobierno desde las pasadas elecciones hace ya meses. Lo único que Europa no necesita es una Alemania inestable políticamente y con la extrema derecha que evoca lo más nefasto de su historia ocupando curules en el Bundestag.

La indiferencia global al sufrimientos humano tuvo en 2017 dos capítulos tenebrosos en Myanmar y Yemen. En el primero, centenares de miles de musulmanes Rohingya fueron expulsados de sus aldeas, posteriormente incendiadas y mujeres y niñas violadas. Entre tanto en Yemen, las bombas saudíes caen a diario sobre civiles mientras que los rebeldes Houtties shiitas apoyados por Irán hacen lo propio en tierra, guerra de proxis que ha generado una crisis humanitaria de proporciones bíblicas; Hambruna, cólera, escasez de agua y destrucción por doquier. Los países musulmanes agrupados en la Organización de Cooperación Islámica, tan raudos en condenar a Trump por su declaración sobre Jerusalem, han hecho mutis de esta hecatombe humanitaria sufrida por sus hermanos de fe. Hipocresía.

2017 evidenció que el realismo puro y duro, es su faceta de traición, sigue siendo pilar de las relaciones internacionales. Durante la guerra contra ISIS en Irak y Siria los kurdos pusieron el pecho y los muertos, se aliaron con las potencias occidentales y fueron claves en la derrota del Califato. Cuando quisieron realizar su centenario sueño nacional en Irak fueron traicionados por Estados Unidos y occidente. Ahora quedan a merced de los ayatolas persas y del “depredador de Ankara”, Recep Tayip Erdogan quien tras múltiples fracasos en su política exterior en los últimos años sigue buscando “a palo ciego” su lugar bajo el sol del Levante.

El menudo dictador en Pyongyang tuvo al mundo en vilo en 2017. Misiles, bombas, ensayos nucleares y amenazas y el juego seguirá en el 2018 con Trump al otro lado del siniestro ajedrez atómico. Aunque la diplomacia tiene una oportunidad de demostrar su valía para evitar que la península coreana estalle en átomos, podría también algún “accidente” o una provocación de mas por parte de Kim Jong Un elicitar la reacción que Trump tanto ha anunciado en su locuaz cuenta de Twitter: El Armagedón.

Un cambio no menor de significativo impacto en la política global en 2017 fue el incremento a 280 caracteres de los trinos en Twitter, herramienta que suplantó el debate civilizado y a los medios tradicionales creando una plataforma, ahora ampliada para una nueva forma de hacer política, destruir rivales y reputaciones. Lo que nos tocará ver, leer y oír en 2018 en la plataforma del pajarito azul.

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