Más de lo mismo para el Congreso

No se puede esperar más. Los nuevos liderazgos se cuentan con los dedos de la mano y nadie, salvo los políticos de profesión, quiere estar en las listas al Congreso.

Cada cuatro años cuando se inscriben las listas para Congreso la gran pregunta es si habrá renovación en el Legislativo y la respuesta es no, salvo contados nombres, de modo que las del 2018 no tenían por qué ser la excepción.

Y no puede ser de otra manera mientras subsistan problemas estructurales como la ausencia de una reforma política que, entre otros cambios, cierre las listas para poner un muro de contención a las fábricas de votos de los caciques regionales, haya financiación estatal y un organismo electoral realmente independiente.

O mientras subsista el alto desprestigio del Congreso, que hace que personas que podrían estar en listas de lujo se nieguen a participar. O mientras las mujeres pasen de su papel pasivo a uno más activo –ninguna es cabeza de lista; en los 13 primeros de la lista del Polo no hay una mujer--.

O mientras no pasemos del activismo en las redes sociales al activismo político en las urnas. O mientras los jóvenes se interesen más por la política.

Una evaluación de las listas al Congreso podría ser la siguiente:

Centro Democrático: aunque la mayoría de los actuales senadores aspira repetir curul, no todos la tienen segura porque Uribe abrió la lista y aunque él es cabeza de lista, cada uno tiene que salir a guerrear los votos.

Liberales: nadie entiende la decisión de poner de cabeza de lista a un desconocido representante a la Cámara del Atlántico.

Ser joven no garantiza simpatías por la lista. Los analistas la ven como una lista castigo a los amigos del ex ministro Cristo y una apuesta arriesgada de un partido que no tiene candidato fuerte.

Cambio Radical: aspira a tener 20 senadores, pero dejó de ser la lista sorpresa con gente que pudiera dar un golpe de opinión.

No pudo convencer a empresarios, banqueros y columnistas de que fueran la cabeza. Tiene el más alto número de candidatos cuestionados (al menos seis entre Cámara y Senado).

Conservadores: salvo su cabeza de lista, Miguel Gómez Martínez, una figura de opinión, el resto es más de lo mismo: caciques regionales y aspirantes cuestionados en Cámara y Senado.

Verdes: la ausencia de Claudia López fue solucionada con Antanas Mockus, figura de peso que puede dar una sorpresa.Pero está por verse.

Hicieron la tarea de hacer listas de renovación con jóvenes como Juanita Goebertus en Bogotá y líderes de Antioquia.

Polo: la lista del Polo no tiene ninguna sorpresa, lo que deja ver que por los lados de ese partido la renovación está dentro de sus pendientes.

La gran fortaleza es Jorge Robledo que puede aprovechar su visibilidad como candidato para salvar, con Iván Cepeda, el umbral.

Lista de la decencia: a diferencia de las listas que se hacen en función del candidato, esta de Petro y Clara López parece depender más de lo que ayude el candidato.

El libretista Gustavo Bolívar es un gran activista en redes, pero un gran desconocido como político.

La U: este es uno de los partidos que llega a las elecciones en estado crítico por el efecto “Noños” y eso se refleja en sus listas donde, sin sonrojarse, incluyen candidatos que heredan votos cuestionados, incluidos los familiares de Musa y Ñoño.

Una lista que, sin candidato presidencial, parece jugársela por una buena votación para negociar con el mejor postor.

Farc: es la única lista elegida en Senado y la más cuestionada por los críticos de la implementación de los acuerdos de paz.

Márquez es la cabeza al Senado, pero cualquiera que hubiera sido el candidato habría dado lo mismo.

Su gran reto es lograr una votación digna para que no quede la sensación que les regalaron las curules.