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BRASIL VIOLENCIA

Alto poder armado de narcos y crisis económica agudizan violencia en Río

El gran poder armado de las bandas de narcotraficantes locales, equipadas con fusiles de guerra, y la crisis económica que redujo los recursos destinados a la Policía, son los factores que convierten a Río de Janeiro en una de las ciudades más violentas de Brasil, admitieron hoy fuentes oficiales.

"La actual situación a la que llegamos sólo es posible por el poder bélico que las organizaciones de narcotraficantes conquistaron a lo largo del tiempo, ya que, por contar con numerosos fusiles y munición abundante, esos grupos son más osados en sus ataques", afirmó el secretario de Seguridad Pública de Río de Janeiro, Roberto Sá, en una entrevista a corresponsables extranjeros en Brasil.

El secretario explicó que las organizaciones criminales que controlan varias de las favelas de la ciudad más emblemática de Brasil comenzaron a enriquecerse en las décadas de 1980 y 1990 con el narcotráfico y esos recursos les permitieron iniciar una "verdadera carrera armamentista" para equiparse militarmente.

De acuerdo con el funcionario, ese es el principal diferencial entre la violencia generada por los grupos criminales en Río de Janeiro y la que se registra en otras ciudades del país.

"Y un mayor diferencial se produjo en las décadas de 1990 y 2000 con la llegada de fusiles a las manos de esos grupos", afirmó.

Sá explicó que tan sólo en los primeros diez meses de este año la Policía se incautó de un récord de 424 fusiles, un número que supera al de todo el año pasado y es casi un 30 % superior al de 2015.

Agregó que los fusiles adquiridos por tales bandas son cada vez más poderosos y que, si en 2009 tan sólo el 41 % era extranjero, ese porcentaje llega al 85 % en 2017.

Según el secretario, esa situación se agravó con la crisis económica enfrentada por Río de Janeiro y que obligó al gobierno regional a declarar el estado de calamidad financiera (quiebra) poco antes del inicio de los Juegos Olímpicos que la ciudad organizó en 2016.

Sin recursos en los cofres, la gobernación recortó todas sus inversiones, incluso las destinadas a la seguridad, al pago de las horas extras de los policías y a proyectos de combate al crimen.

"La calamidad financiera restringió el acceso a todos los recursos. En 2017 tan sólo usamos el 40 % del presupuesto que habíamos previsto para la seguridad", afirmó Sá.

Y de los recursos utilizados, casi la totalidad (un 96 %) fue utilizado en el pago de personal, por lo que sólo sobró un 2,7 % para el costeo de las operaciones de la secretaría y un 0,9 % para inversiones.

El funcionario admitió que, desde los Juegos Olímpicos, Río de Janeiro perdió unos 1.000 agentes de la Policía Militarizada, 500 agentes de la Policía Civil y el 53 % de su flota de vehículos, que no puede operar por falta de mantenimiento.

Además de tener menos policías en las calles, la secretaría no puede premiar a los que quedan por su efectividad ni pedirles que trabajen horas extras.

"Pero incluso con la reducción de los agentes y las patrullas, elevamos el número de órdenes de prisión cumplidas y las capturas en flagrante. En noviembre conseguimos reducir los homicidios y estabilizar el número de robos en la calle y de robos de cargas", afirmó.

Sá afirmó que, en medio de una crisis por la falta de efectivos y recursos, el gobierno regional sólo puede valorar positivamente la decisión del presidente brasileño, Michel Temer, de autorizar el envío de 10.000 miembros de las Fuerzas Armadas para reforzar la seguridad en Río hasta por lo menos finales de 2018.

La decisión fue tomada a mediados de este año ante la inusitada ola de violencia que puso en jaque a Río, en donde, según el secretario, se registran cerca de 400 homicidios dolosos por mes.

"Veo muy positivo que el Gobierno federal de Brasil entienda que tiene responsabilidad en la seguridad de Río y que muestre un Plan Nacional de Seguridad Pública. Río tenía una crisis, especialmente de recursos, y el Ejército llego para ofrecernos hombres, recursos, colaboración, logística, informaciones y hasta munición", afirmó.

El secretario aseguró que 2017 es un año que va a quedar en la historia de Río y de Brasil, ya que, en momentos de escalada de violencia y de falta de recursos, la secretaría de Seguridad consiguió hacer frente a tan grave crisis.

"Estamos en un momento dramático pero conseguimos que no fuera el más violento en la historia de Río", afirmó, tras recordar que en 2006 la ciudad registró hasta ataques considerados como terroristas de las bandas criminales y en 2009 la criminalidad consiguió hasta derribar un helicóptero de la Policía y asesinar a sus ocupantes.

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