Fuego electoral

Esta vez, a diferencia de las campañas anteriores, los riesgos de una guerra sucia pueden acrecentarse por las más variadas razones. Lo grave es que por ahora un pacto de no agresión no está en la agenda de las campañas.

Aunque la campaña presidencial no ha empezado a fondo –hoy hay aspirantes, pero no candidatos--, la arena en la que se está desarrollando la contienda parece más un cuadrilátero de boxeo que una tribuna de confrontación de tesis y propuestas.

Mensajes por Whatsapp como el que recibió de un amigo el ex ministro Rudolf Hommes que, en su opinión, es puro “terrorismo infundado” creado por las divisiones políticas (http://caracol.com.co/programa/2017/10/20/hora_20/1508452693_301606.html); acusaciones entre los aspirantes que buscan posicionarse en el centro; campañas sucias con contendidos agresivos en redes sociales; videos editados que engañan y debates en el Senado con ataques descalificadores a rivales de campaña marcan una tendencia que llevan a pensar, esta vez, que por el desayuno se sabe cómo será el almuerzo.

Ataques entre las campañas ha habido siempre, pero por lo general las confrontaciones habían girado en torno del modelo económico –más mercado, menos Estado o viceversa— o cómo lograr la paz --la disyuntiva entre bala o diálogo—, pero esta vez la firma de la paz con las Farc y su implementación parecen querer llevar la campaña a un terreno donde imperen más las mentiras, las exageraciones y las manipulaciones que el debate de fondo sobre lo que debe ser objeto de consenso para hacer los ajustes necesarios a lo pactado con las Farc.

En vez de ello, surge de nuevo el coco del castro – chavismo para asustar no solo al elector sino también a la inversión y el ataque a la nueva institucionalidad que se está forjando en torno de la paz. Como lo dice Hommes, aún padecemos “el síndrome del plebiscito” por la paz.

Esta vez, a diferencia de las campañas anteriores, los riesgos de una guerra sucia pueden acrecentarse: redes sociales desbocadas, votantes agobiados, un país polarizado por la paz y unos fanáticos agresivos son caldo de cultivo para que ello ocurra. Y lo que en la práctica puede darse: un votante desmotivado por los escándalos de corrupción, y sin suficiente información, puede ser presa fácil de los mensajes en las redes o de las cadenas de Whatsapp; campañas agresivas de autores sin rostro replicadas por militantes políticos –caso de la congresista Margarita Restrepo y el llamado a ponerle el bozal a los críticos del uribismo—resultan ser tan letales como un agresivo mensaje publicitario, sin descartar que por primera vez haya injerencia del exterior a través de empresas de tecnología, como ya pasó en EE.UU. y en algunas elecciones en Europa. Por ahora un pacto de no agresión no está en la agenda de las campañas.