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Crónica: El viaje del peregrino de la paz

Todo empezó este miércoles 6 de septiembre a las 4 de la mañana hora de Roma, cuando aún era martes en Colombia.

El día del viaje del papa a Colombia empezó como cualquier otro: se despertó a las 4 de la mañana, oró, desayunó con sus empleados, alistó su viejo maletín de cuero negro, donde guarda sus discursos y emprendió viaje hacia el aeropuerto romano de Fuimicino con su séquito papal.

 Muy cerca al Vaticano, otro grupo de personas, de periodistas colombianos, nos despertábamos a las 4 de la mañana, algunos oramos y nos alistamos para emprender uno de los retos más difíciles, pero seguro el más lleno de fe, por la responsabilidad que conlleva, y al mismo tiempo, una oportunidad única para conocer al papa más mediático y querido de la historia.

 A las 7 de la mañana, muy puntuales, los 75 periodistas de los medios más importantes del mundo, se dieron cita en la Terminal 1, counter 44 de la empresa Alitalia, para registrarse como pasajero del vuelo AZ-4000 que cubría la ruta, Roma-Bogotá. No era un vuelo cualquiera, se trataba del Pastor 1: el vuelo papal.

 Tras pasar unos fuertes controles de seguridad, el grupo de periodistas debía embarcar por la puerta B-22. Allí un bus, recogería a los 75 comunicadores y los llevaría a un lugar de la pista del aeropuerto romano.

 Subida por la puerta trasera del avión, cada periodista con su puesto (y número previamente designado) marcado por un sticker, una torre de Babel con idiomas de todo el mundo, aunque el italiano era el rey, trípodes, cámaras, lentes y morrales por todas partes. Todos, concentrados, todos en modo papa, en modo Colombia.

 Varios de los periodistas internacionales, nos comentaban de la expectativa del mensaje del papa, para una Colombia que estaba en la mitad... ni en guerra, ni en paz. "Ojalá den ese primer paso para un país tan rico, con gente tan buena, para que no haya más guerrilla, más paras... que pare el desangre!", me dijo periodista del Obsservatore Romano; y como ella, todos los demás.

 El Pastor 1 está distribuido en 3 partes: atrás, unos 100 puestos para periodistas, los camarógrafos usan de a 2 y la razón es simple: la Sala Stampa, la oficina de prensa de El Vaticano, piensa en los demás... un camarógrafo, tiene trípode, maletín y claro, cámara; "dónde va a poner todo eso? No podrá viajar 12 horas con la cámara al hombro o en las piernas!". Sencillo. Ahí está la respuesta, dos puestos y que vaya cómodo.

 La segunda parte del avión está diseñada para unas 30 personas del séquito papal que incluyen a los de seguridad, miembros de la iglesia, prensa vaticana y logística.

 Y en la primera va el papa. Una fila en la parte ejecutiva, la sillas 1-A y al frente un cuadro de la Virgen de Chiquinquirá en este A330-200. Francisco siempre lleva un cuadro en su puesto, de la virgen del país al que viaja.

 Siendo las 11:12 de la mañana, el Pastor 1 despegó de Fuimicino rumbo al aeropuerto militar de Catam; no habían pasado 40 minutos, cuando se abre una cortina y aparece Él. Si, era el papa Francisco, el mismo que hizo lío en Rio, el mismo que sufre con el drama de los migrantes en el Mediterráneo, el mismo que ha llenado portadas de revistas, el mismo que ha hablado de los homosexuales, de los divorciados, de los dictadores, si, el mismo.

 Un líder de ese tamaño que ha llevado su mensaje a creyentes y no creyentes. Que desafía las amenazas de muerte, que tiene en jaque a la parte oscura de la Iglesia Católica, el que le dice a los jóvenes que se despierten y los políticos que trabajen, el que dice que no más a la cultura del descarte y escribió su primera encíclica dedicada al medio ambiente, Laudato Si.

 Él, el papa, que tanto nos seduce por su sencillez y mensaje terrenal, envió un mensaje a nuestro país: "es un viaje para ayudar a Colombia a encontrar el camino de la paz". También saludó a Venezuela y le pidió a los presentes del avión que ya que el vuelo iba a pasar por Venezuela "oraran por ese país, para que se pueda hacer diálogo y encuentre una bella estabilidad entre todos". Sin duda, una cuota inicial de los mensajes que le va a enviar a Nicolás Maduro desde suelo colombiano.

 Empezó a saludar a cada uno de los periodistas. Los comunicadores pedían por causas personales, le entregaban regalos. En mi caso particular, le entregué una rosa blanca, una figura de Santa Teresita de Jesús y su estampita con la oración. Un amigo argentino me dijo que eso le iba a llegar al alma. Y lo hizo. El papa es devoto de Santa Teresita, sabe que cuando le llega una rosa blanca es señal de que todo va a salir bien y me dijo "si empezamos con la Teresita, vamos bien".

 Luego le pedí una bendición y un saludo para el cumpleaños 70 de Caracol Radio y accedió.

 Y así, durante algo más de una hora, saludó, se tomó fotos y regresó a su silla para afrontar este viaje de 12 horas y media. Alitalia funcionó como un vuelo comercial, repartió comida y snacks. Los periodistas, unos veían películas, otros escribían, otros dormían, otros nos conectábamos a una red wi-fi de 20 dólares para poder enviar material a nuestros medios y poder hacer una que otra llamada a través de whatsapp a 38 mil pies de altura. De todo se ve en la viña del señor.

 Y si, todo empezó este miércoles 6 de septiembre a las 4 de la mañana hora de Roma, cuando aún era martes en Colombia. Una visita histórica, única, para escuchar el mensaje de un cura callejero que se convirtió en el vicario de cristo callejero, ese que hace lío, ese que quiere que los colombianos demos de una vez por todas, el primer paso.

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