¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Dónde está la bolita
¿Dónde está la bolita?

Cuidado con la magia salvaje

Un potencial de entre 1.5 millones y 2 de visitantes a esos santuarios de la naturaleza es una apuesta tentadora para nuevos desarrollos.

La semana pasada las Farc prácticamente cerraron definitivamente el ciclo de la guerra de 53 años con el fin de las zonas veredales transitorias y ahora se preparan para su congreso que le dará vida política a esa organización a la que veremos en 2018 ocupando curules en el Congreso.

Que las Farc dejen las armas, lo que eso significa, parece que solo lo entenderán los colombianos en la medida en que se vean los efectos prácticos en la vida del país --viajar por carretera ya dejó de ser un riesgo de seguridad; o no tener decenas de soldados heridos en combate en el Hospital Militar, es otro hecho real—como uno que ya se advierte como gran negocio: descubrir la riqueza natural que nos negó conocer la guerra: ríos, páramos, cascadas, cañones, y una extraordinaria vida de flora y fauna prácticamente por inventariar en parques vírgenes. Se trata de zonas inexploradas, no de las que han sido afectadas por la tala de miles de hectáreas en los parques por presión de los grupos armados para siembra de cultivos ilícitos–entre ellas las Farc en su momento--, la voladura de oleoductos o la minería ilegal. 

En esas zonas que antes fueron teatro de guerra, se vislumbra una nueva oportunidad de desarrollo, entre ellas el turismo ecológico –ecohoteles, avistamiento de aves, caminatas, deportes extremos, etc.—donde posiblemente los directos beneficiados serán las comunidades y los ex combatientes que conocen esos entornos y que pueden encontrar ahí nuevas alternativas económicas. 

Pero como lo advirtieron hace poco varios académicos de la Universidad del Rosario en la Revista “Science”, “con su tremenda riqueza de biodiversidad y capital natural, Colombia tiene más que perder que la mayoría si no es adecuadamente conservada y administrada”. Y ahí es donde empiezan a surgir preocupaciones ante la falta de claridad, control y políticas definidas. En julio pasado, Parques Nacionales y la CAR salieron a rechazar y a prohibir una travesía en cuatrimotos y camperos 4x4 por zonas del Sumapaz que ofrecía una empresa privada por sitios donde está la mayor despensa de agua de Cundinamarca y Meta. Lo mismo había ocurrido hace un año con una travesía de ciclistas por Caño Cristales.

Pero, además, dentro del mismo gobierno hay diferencias sobre cómo impulsar el nuevo turismo en los parques naturales. Nada se ha vuelto a saber del decreto de la ex ministra María Claudia Lacouture sobre desarrollos hoteleros en 15 zonas protegidas. El choque con Parques Nacionales y con los ambientalistas dejó la reglamentación en el congelador. 

Un potencial de entre 1.5 millones y 2 de visitantes a esos santuarios de la naturaleza es una apuesta tentadora para hallar nuevos desarrollos, pero riesgosa para esas zonas si antes no hay una política integral de manejo de los mismos como ya lo advierten los ambientalistas que alertan sobre el daño que puede hacerse a especies de flora y fauna que Colombia empieza a descubrir.

Cargando