¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Dónde está la bolita
¿Dónde está la bolita?

El fenómeno del “Ñoño”

Lo que acaba de pasar con el senador de Córdoba no hace sino reeditar los escándalos del pasado que surgen de una misma matriz que repite el modelo de hacer política.

La captura del senador Bernardo Miguel Elías Vidal por orden de la Corte Suprema por supuestamente haber recibido dineros de Odebrecht es una mala noticia para su partido, la U; una muy regular para los que querían contar con sus votos y un hecho que no deja de causar preocupación en el Gobierno que anda apretado de votos en el Senado.

Sin duda el más afectado es la U, partido que no solo no tendrá candidato sino que pierde a un gran barón electoral que pesaba, y de qué manera, en las cuentas a la hora de negociar el apoyo de esa colectividad con quien quiera ser presidente como es la apuesta que están haciendo hoy. Los 140.000 votos del Ñoño y los 160 de Musa Besaile, su socio político en Córdoba pueden hacer la diferencia al momento de una elección reñida. Los votos de Elías, sin poder, sin contratos y sin curul, ya no serán los mismos.

Lo que acaba de pasar con este senador de Córdoba, como lo dijo en Hora 20 el profesor Francisco Barbosa, no hace sino reeditar los escándalos del pasado que surgen de una misma matriz que repite el modelo: un senador con alta cauda electoral, dueño de la burocracia regional –debe tener al mínimo gobernador y varias alcaldías importantes--, ubicado en las comisiones legislativas donde se toman importantes decisiones económicas –preferiblemente las terceras o cuartas--, que no necesita que le den un ministerio sino una entidad que mueva contratos o que sea clave en materia de permisos y sanciones –una superintendencia-. Esta vez el escándalo son las coimas de Odebrecht, pero hace 15 fueron los votos surgidos de las alianzas con los paras, pero más antes fueron los dineros de los carteles de la droga. Es decir, Ñoños siempre ha habido, lo que no ha cambiado es la manera de hacer la política que pese a la Constitución de 1991 mantuvo el modelo: los votos se compran –salvo los congresistas premiados por la opinión--, se cotizan en la campaña presidencial; se hacen valer a la hora de entrar al Congreso –eligiendo comisión o cargo en mesas directivas--, los votos pesan a la hora de pedir puestos en el Gobierno o a la hora de elegir magistrados, procurador, contralor y defensor del pueblo que a su vez les nombran sus fichas que a su vez deben vigilar a los amigos del congresista. Modelo en lo nacional que se replica en lo local con los concejos.

Y cada vez que estalla un escándalo la pregunta es la misma: ¿por qué los siguen eligiendo? La menos que cabe decir, es por el modelo, pero a la vez por la indiferencia frente a la política.

Cargando