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Dónde está la bolita
¿Dónde está la bolita?

Las Farc: 1964 -2017

Este 27 de junio, que debería ser el día de la unidad, al menos debería servir para dedicarle un minuto a reflexionar lo que representa cerrar este capítulo del conflicto.

La mayoría de los colombianos, los que tiene menos de 53 años, que deben estar sobre los 40 millones, nacieron después de la creación de las Farc y de estos, la mitad –los mayores de 20 años-- han conocido de cerca los horrores del conflicto en su intensidad: secuestros, extorsión, desplazamiento, tomas guerrilleras de pueblos y ataques a bases militares, retenes y actos terroristas en ciudades.

Uno de los actores principales del conflicto han sido las Farc, la guerrilla más antigua del mundo que llegó a tener al guerrillero más viejo, Tirofijo, con la que el Estado había fracasado desde hace 34 años en lograr un acuerdo de paz, dejará las armas y de inmediato 7 mil guerrilleros harán su tránsito a la vida civil para convertirse en miembros de un partido político.

Mesetas, donde se hará el acto de ratificación del desarme final de las Farc, es un lugar histórico para esa guerrilla porque fue allí, en sus zonas de influencia, donde se replegó para fortalecerse luego de los bombardeos a las repúblicas independientes y donde se desataron los ataques más duros del Estado, como el de Casa Verde.

Este martes 27 de junio pasará a la historia por ser el fin de las Farc, algo sobre lo que había dudas cinco años atrás cuando empezaron los acercamientos con el Gobierno Santos. Con el adiós a las armas empieza otro camino: el de las Farc hacia la vida política con el reto de demostrar que pueden ganarse el apoyo popular que decían tener cuando estaban en armas; el del Estado, de garantizar la seguridad del nuevo partido, pero también de que los acuerdos se pueden cumplir, incluidas las reformas políticas y el desarrollo agrario. Y el de la sociedad que está polarizada entre quienes aceptan lo acordado en La Habana y los que lo rechazan y es la causa del difícil logro de consensos.

Las Farc dejan las armas y con ello el país se libera de uno de los actores que hizo tanto daño al desarrollo de Colombia como lo han sido la estrechez de la democracia o la corrupción. Sin armas, dejarán de ser factor decisivo en la elección presidencial; se acabará la disculpa para la ausencia del Estado en la periferia; y la oposición deberá reformular o al menos revisar el discurso en esa parte del manual que dice que nunca entregarían un fusil o que no devolverían a los menores de edad.

Pero apenas empieza el camino para la implementación de los acuerdos. Lo acordado está aún más en el papel que en la práctica. Al proceso, Estado y Farc, le queda faltando desmontar el argumento de quienes advierten que la JEP equivale a impunidad; que la guerrilla le hará conejo a las víctimas o que no se pactó con un grupo insurgente sino con un poderoso cartel de la droga.

Este 27 de junio si bien no será el día de la unidad, al menos debería servir para dedicarle un minuto a reflexionar lo que representa cerrar este capítulo de la violencia.

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