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Telescopio Global

Desbarajuste en el Golfo

Marcos Peckel habla sobre los Estados del Golfo.

Golfo Pérsico. /

Aunque los Estados del Golfo no tienen un siglo de existencia, las dinastías que los controlan se remontan 2 o 3 siglos atrás. Después de la primera guerra mundial sus “parcelas” las convirtieron en Estados para estar a la altura de los tiempos.

Arabia Saudita deriva su nombre de la dinastía SAUD, que desde el siglo XVII controlaba buena parte de la península arábica y la que tras expulsar a los hachemitas, una dinastía rival que dominaba Meca y Medina los lugares sagrados del Islam, creó el Reino de Arabia Saudita, el nombre del país como el de la familia. El poder de la dinastía SAUD surge hacia 1750 cuando su fundador Muhammad ibn Saud hace un pacto con un predicador musulmán radical Muhammad ibn Abd-al-Wahab, forjándose la base ideológica religiosa wahabí de Arabia, 150 años antes de la fundación del Estado. Desde su independencia el Reino de Arabia Saudita ha estado gobernado por su fundador ABDUL AZIZ IBN SAUD y varios de sus 36 hijos uno de ellos, su actual y octogenario rey SALMAN. Las disputas palaciegas son de rigor y la familia real controla la totalidad del Estado y sus instituciones.

La dinastía AL-SABAH ha dominado de manera interrumpida un oasis en la esquina suroriental de Mesopotamia desde 1716. Uno de sus descendientes Mubarak Al Sabah se alió con los británicos en la primera guerra mundial proveyéndoles tropas y permitiéndoles acceso a un puerto en el golfo pérsico. Como recompensa por esa ayuda, Gran Bretaña se inventó para la familia AL_SABAH un nuevo país, KUWAIT, cercenado de la Mesopotamia histórica, que sería protectorado británico hasta 1960. La “constitución” de Kuwait establece que el líder del Estado se nombra en un conciliábulo de la familia y debe ser descendiente de MUBARAK al SABAH. Todos los altos cargos del Estado están reservados a miembros de la dinastía.

Los “dueños” de Bahréin, una minúscula isla de alta importancia geoestratégica pertenecen a la dinastía sunita AL-KHALIFA, quienes la conquistaron a mediados del siglo XVIII y desde entonces son sus gobernantes absolutos. El “consejo regente de la familia” hace parte de la estructura constitucional del Estado y los altos cargos están reservados para miembros de dicha familia. Como dato significativo la gran mayoría de la población de Bahréin es shiita, habiendo sido parte del imperio persa SAFAVID. Al igual que KUWAIT, Bahréin fue un protectorado británico hasta 1971 lo cual aseguró su independencia ante las pretensiones iraníes por la isla.

La península de Qatar, hoy en ojo del huracán, fue conquistada por la familia Al THANI a mediados del siglo XIX y al igual que sus vecinos fue un protectorado británico hasta 1971. La familia tiene absoluto control sobre el Estado y las intrigas dinásticas han llevado a que gobernantes hayan sido derrocados por hijos, padres y primos, todo en familia. De líder mundial en el comercio de perlas preciosas, Qatar pasó a desarrollar en su plataforma marina los campos de gas natural más grandes del mundo.

Los Emiratos Árabes Unidos, creadores de DUBAI y ABU DHABI, son controlados por las familias Al Maktoum y Al Nahyan respectivamente, más antigua la segunda (1760) que la primera (1830). Los Emiratos, una unión de siete ciudades-estado, cada una gobernada por su propia dinastía, fueron igualmente un protectorado británico hasta 1971.

Esa es la historia del Golfo. Centenarias dinastías familiares que se tornaron en Estados, pero cuya estructura de poder reposa totalmente sobre las familias fundadoras erigidas en monarquías absolutas. Aunque con distintos matices, en el Golfo en general no existe democracia, ni libertades individuales, de prensa, asociación o cultos y la oposición política no es tolerada. La ideología Wahabí es común a todos los países con la excepción de Omán. La región del mundo con las mayores reservas de petróleo y gas lo que la transformó en centro neurálgico de la geopolítica global durante el último siglo.

La actual disputa en la que Qatar ha sido aislada, bloqueada y amenazada por sus vecinos del Golfo no es nueva, se remonta a dos décadas atrás. Primero un derrocamiento palaciego en DOHA rechazado por saudíes y emiratíes como un grave precedente a la estabilidad de las familias y posteriormente, en1996, cuando se funda en Doha por la familia AL THANI la cadena de televisión por satélite Al Jazeera, la cual transformó radicalmente el rancio escenario mediático en el mundo árabe, infundiéndole una bocanada de aire fresco. Millones de ciudadanos árabes de todos los países se volcaron a Al Jazeera y su entonces extraña modalidad de prensa libre, opinadores y editorialistas independientes.

Sin embargo con el tiempo Al Jazeera se convirtió en víctima de su propio éxito y tras los atentados de septiembre 11, comenzó a manejar una agenda propia alejada de su principio fundacional como símbolo de la libre expresión, sirviendo como vehículo de propaganda para diferentes causas. Como ejemplo, el cubrimiento que hace la cadena del conflicto palestino-israelí es sesgado, tendencioso y falaz.

Fue el estallido de la primavera árabe el que colocó a Al Jazeera en el ojo del huracán al ser percibido por las fuerzas conservadoras de la región como instigador de las protestas, especialmente por su cubrimiento de las manifestaciones en Egipto las que finalmente dieron al traste con el régimen de Hosni Mubarak, amigo y aliado de las dinastías del Golfo. A Mubarak lo sucedió en la presidencia de Egipto tras las elecciones de 2012, Mohamed Morsi, en representación de la Hermandad Musulmana, agrupación fundamentalista islámica fundada en Egipto en 1928, anatema para el wahabismo saudí. Al Jazeera y Qatar fueron acusados de ser instrumentales en la caída de Mubarak y el posterior ascenso de Morsi.

Qatar forjó además una extraña alianza con la Turquía de Erdogan apoyando al islamista Hamás, hijo de la hermandad musulmana, en GAZA en detrimento de la Autoridad Palestina de Mahmud Abbas y condenando el golpe militar que derrocó a Morsi y volvió a colocar al ejército en el poder en Egipto.

Sin embargo las acusaciones de que Qatar apoya al terrorismo, equivalen a los miembros de una pandilla de ladrones acusándose unos a otros de ladrones. El apoyo a ISIS en sus comienzos vino de los países del Golfo: Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos y Qatar, ya sea oficial o clandestinamente y posiblemente continua hasta el día de hoy, al igual que a otras organizaciones yihadistas involucradas en las guerras en Siria e Irak, como el frente al Nusra - hoy Jabhat Fateh al-Sham- aliado de Al Qaeda.

Qatar ha tratado de desarrollar una política exterior independiente. ¿Independiente de qué? Entre otras de la narrativa imperante en el Golfo respecto a Irán, con quien Qatar explota conjuntamente el mayor campo conocido de gas natural en el mundo y ha tratado de mantener relaciones cordiales y amistosas. El conflicto regional entre el Irán shiita y Arabia Saudita y sus aliados sunitas ha sido convertido por Riad en un juego de suma cero, sin lugar a compromisos. Extraña que Qatar que hace parte de la coalición que lleva dos años bombardeando inmisericordemente a Yemen, sin mucho éxito, para desalojar a los rebeldes Houtties shiitas pro-iraníes de la capital Sana, sea acusada de ser amigo de Irán.

Tanto Qatar, como Bahréin y los Emiratos tienen bases militares americanas en su territorio por lo que el conflicto coge a la administración Trump fuera de base y sin una política coherente frente a la región tras la visita de Trump a Arabia Saudita donde la realeza saudí, conocedora de las debilidades del mandatario norteamericano, le brindó una recepción sacada de las mil y una noches, plena de adulación, protocolo y despilfarro. En la declaración final de esa cumbre se acusa a Irán de promover le desestabilización de la región y apoyar el terrorismo. Gran esfuerzo tendrá que hacer el debilitado departamento de Estado para solventar la actual crisis del Golfo.

Qatar aparece como el pequeño matoneado por sus vecinos y apela a la simpatía internacional con lo que puede empeorar la disputa. En el centro de la misma, Al Jazeera y su futuro como medio independiente. Las oficinas de la cadena han sido cerradas en varias capitales árabes, algunos de sus periodistas encarcelados y su futuro incierto.

Es probable que el actual conflicto sea desactivado por medio de la diplomacia, pero al final del día Qatar no querrá aparecer como haber capitulado ante las exigencias de sus vecinos aunque en la realidad eso es lo que posiblemente ocurra, en perjuicio de Hamás, la Hermandad Musulmana, el detente con Irán y Al Jazeera. A menos que estalle una conflagración en la zona, no descartable en un Medio Oriente que vive un completo apocalipsis.

 

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