¿Dónde está la bolita?

Las cartas detrás de una elección

La oposición de derecha empieza a hacer apuestas desde ya con la elección de magistrados porque considera que de ganar espacios en la Corte puede ir debilitando los acuerdos de paz.

El Senado eligió la semana pasada a la abogada y politóloga Diana Fajardo como nueva magistrada de la Corte Constitucional, cargo que para un constitucionalista resulta ser uno de los mayores anhelos de su carrera. Pero dicha elección, que debió ser un homenaje a uno de las víctimas de la violencia, el magistrado Carlos Medellín Forero que murió en el holocausto del Palacio de Justicia y tiene vínculos familiares cercanos con la elegida, estuvo antecedida por la visceralidad con que se están tomando las decisiones en el país que sigue polarizado en torno de la paz.

En esta elección con la que se buscaba reemplazar al magistrado Luis Ernesto Vargas, de pensamiento liberal, imperó más la insidia política que las hojas de vida y los puntos de vista de los integrantes de la terna. Mientras a la nueva magistrada la oposición al gobierno le puso el rótulo de ser afín a las Farc, los contradictores de su contendor Álvaro Motta, lo señalaron de ser enemigo de la paz.

Con la elección de Fajardo, el Gobierno respira tranquilo porque parte del hecho de que las mayorías en la Corte, al menos en lo que tiene que ver con el proceso de paz, son más proclives a darle el visto bueno a los proyectos de ley para la implementación de los acuerdos, aunque los magistrados como el fiscal o el procurador, en teoría, son autónomos en sus decisiones una vez son elegidos.

Por lo demás, el número de votos por la nueva magistrada, 48 contra 43 de Motta, refleja que en el Congreso las mayorías del Gobierno no son amplias y eso explica la sorpresiva elección, hace unas semanas, de magistrado Carlos Bernal, un cristiano apoyado por la oposición uribista pero también por sectores de derecha del Partido Liberal y de Cambio Radical. En ultimas, la oposición de derecha empieza a hacer apuestas desde ya con este tipo de elecciones porque considera que de ganar espacios en la Corte puede ir debilitando los acuerdos o tener unas mayorías en caso de volver al poder en 2018 para desmontar lo avanzado.

La llegada de Fajardo ha sido presentada como la de una ficha del Gobierno en la Corte, pero aún está por verse si ella es consecuente con lo que ella dijo en el Senado de que defenderá “con sensatez y decisión el estado de derecho y la Constitución Política de Colombia y para garantizar cada uno de los derechos y libertades fundamentales que hoy, por fortuna, son patrimonio jurídico”.