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GAZA MUJERES (Crónica)

Las mujeres de Gaza se han convertido en cabezas de familia

En la conservadora Franja de Gaza, una ONG española capacita y ayuda a mujeres, que se han convertido en cabezas de familia tras la guerra, a crear su propio negocio y ser económicamente independientes.

Gaza, 19 may (EFE).- En la conservadora Franja de Gaza, una ONG española capacita y ayuda a mujeres, que se han convertido en cabezas de familia tras la guerra, a crear su propio negocio y ser económicamente independientes.

Amira Mahmud, de 34 años, era incapaz de recuperar el supermercado familiar de la localidad gazatí de Rafah que quedó destruido en la guerra de 2014, hasta que recibió un apoyo económico de la ONG española Acción Contra el Hambre y ahora está dispuesta a convertirlo en un referente de la provincia.

La tienda de alimentación, la única de este tipo en esa zona del enclave, junto a la frontera con Egipto, fue saqueada durante la última ofensiva militar israelí, y era la fuente de ingresos para esta madre de tres niños con un marido desempleado y una madre enferma.

"Mis hijos están preocupados y sufren estrés postraumático desde la última guerra en Gaza", narra a Efe cubierta con un llamativo hiyab (pañuelo) rojo y un vestido que tapa sus brazos y asegura que incluso ha llevado a su hijo de cuatro años a terapia "porque se dañaba a sí mismo".

Esta madre habla sin repartos de temas delicados, comunes en Gaza pero que rara vez se discuten abiertamente: "Ahora puedo permitirme el lujo de llevarlos a otros sitios, con aire fresco y relajante, lo que reduce su angustia mental."

Con la ayuda de la ONG Acción Contra el Hambre, que trabaja para garantizar el acceso a agua potable, comida, asistencia y cuidados médicos, Mahmud pudo sacar adelante la tienda en 2016.

Amira sueña ahora con construir su propia casa de dos habitación para sus hijos y habla entusiasta de la formación sobre "márgenes y beneficios" que ha recibido en los cursos de la organización.

"Me encontré con todo tipo de beneficiarias en este programa, y también hablamos mucho de problemas personales además de compartir ideas de negocio juntas", dice Amira, que se muestra ambiciosa: "Quiero expandir mi supermercado y convertirlo en una marca de toda la provincia".

La historia de Amira es parte de la exposición fotográfica "Diez lecturas de una década de bloqueo", presentada esta semana, sobre la situación de encierro del enclave desde que el movimiento islamista Hamás se hicieron con el control en 2007.

"Esta exposición es una visión privilegiada de la vida de las mujeres palestinas, sustento familiar de la Franja de Gaza", comenta a Efe Gonzalo Codina, director de país de la ONG.

Codina explica que "la exposición incluye fotos e historias íntimas que ilustran el impacto devastador del bloqueo (israelí) impuesto sobre el enclave y las guerras libradas".

El rostro de Sujood Bader, de 38 años, es otro de los que aparecen en las imágenes de la exhibición, una mujer sorda con una niña de siete años que se convirtió en cabeza de familia, cuando su marido murió durante la guerra.

Bader, que lleva un largo vestido negro y se cubre la cabeza y el rostro con un velo negro - nikab islámico- habla junto a su niña, con una enorme cicatriz de quemadura en la cara.

La cicatriz conduce la conversación directamente a los horrores de la última ofensiva israelí cuando su casa fue bombardeada mientras todos dormían y su madre quedó abrasada y perdió el oído.

"Mi hija fue encontrada bajo el cadáver de su padre", cuenta Bader a Efe: "Se sometió a cirugía plástica y todavía necesita cremas muy caras para el tratamiento, además de estar muy traumatizada. Dejó de hablar por un tiempo debido al shock".

Cuando el bombardeo destruyó toda la casa, Bader buscó refugio en una escuela hasta que terminó la guerra: "Mi esposo solía vender pan dulce, pero no teníamos ahorros. Yo y mi hija dependíamos de cupones de comida y apoyo de vecinos y familiares", cuenta.  

Con el apoyo de la ONG, Bader comenzó a alquilar sillas para bodas y funerales y aprendió a ahorrar dinero y a invertir: "Puse una pancarta anunciando que estaba alquilando sillas", recuerda.

Activa y ambiciosa, Bader intenta compaginar ahora este emergente negocio con uno de fotografía: "Durante la guerra, me di cuenta de lo importante que es documentar el sufrimiento de la gente, y eso es posible a través de la imagen".

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