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Matrimonio tras la avalancha

Quisieron casarse por la iglesia, tenían todo comprado, pero la avalancha sepultó sus planes. Hoy lo hicieron por lo civil. No hubo protocolos, pero sí un pacto de amor en medio de la tragedia.

Compraron el ponqué, el vino, los platos, el menaje. Todo estaba listo para la boda este viernes, pero Sandra Milena Mena, de 22 años, quedó atrapada dentro del lodo en la avalancha que sacudió a Mocoa.

La quebrada La Taruca, desbordada este fin de semana, la ‘arrancó’ y lanzó a un palo de aguacate del que se prendió y le salvó la vida.

El vestido blanco, largo, de cola, desapareció entre el fango. También los preparativos de la boda. Edimer Portillo, 28 años, soldado profesional estaba de permiso.

“La noticia me tomó por sorpresa. Y pese a lo ocurrido, le dije que no postergáramos la fecha. Nos vamos a casar”, dice mientras llega a la Notaría de Putumayo con jean, camiseta y gorra, lo único que le quedó de la tragedia.

Adelantaron la boda. Improvisada, más sencilla, sin protocolo, sin vestido largo, sin carruaje matrimonial.

“Si ella quedó viva es por algo y lo que no se hace en un día toca hacerlo ya”.

Ella- con vestido pegado al cuerpo- se veía feliz en medio de su humildad.

“Después de verme casi muerta, y como me salvé y soy un milagro de Dios quiero casarme. Si viví es por algo. Solo tenemos una argolla, pero no importa. Seremos felices”, expresa ella, en medio de su timidez.

El carro móvil de la Unidad Colegiada de Notariado que llegó desde Bogotá hasta Mocoa, sirvió de escenario al matrimonio civil.

Asistieron Edimer y Sandra, además de testigos que confirmaron ante el notario que llevaban ocho meses de vivir juntos, un año de relación.

“No tomaremos vino porque se ahogó. Nos toca brindar con agua”, cuenta el novio en medio de su humildad, mientras ella toma su mano y lo conduce frente al escritorio del notario.

Es el momento definitivo. Edimer se ve nervioso, impaciente, pero ella le acepta el matrimonio.

Los asistentes aplauden, gritan de la emoción, algunos lloran, mientras el notario Luis Hernán Bobadilla los declara “marido y mujer”.

El abogado les pide la firma y les desea bendiciones en la nueva etapa de sus vidas que hoy – según él- será distinta.

“Llegarán bendiciones de Dios”.

La pareja no va a luna de miel. De momento, pasarán sus días hospedados en un albergue del Gobierno porque no la avalancha los dejó sin morada.

Quisieron casarse por la iglesia, tenían todo comprado, pero la avalancha sepultó sus planes. Hoy lo hicieron por lo civil. No hubo protocolos, pero sí un pacto de amor en medio de la tragedia.

Francisco Arguello / Caracol Radio

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