Escuche ahora

Hora 20


Síganos en:

Ciudades

Selecciona tu emisora

TRATADO DE ROMA (Serie Previa)

Ampliación al Este: Del entusiasmado retorno a Europa al euroescepticismo

Más de una década después de su integración, la mayoría de los países que estuvieron medio siglo bajo el dominio de la URSS siguen buscando el equilibrio entre las ventajas y las obligaciones de pertenecer a la Unión Europea (UE), que cumple el próximo sábado el 60 aniversario de la firma de los tratados que dieron origen a su fundación.

Viena, 21 mar (EFE).- Más de una década después de su integración, la mayoría de los países que estuvieron medio siglo bajo el dominio de la URSS siguen buscando el equilibrio entre las ventajas y las obligaciones de pertenecer a la Unión Europea (UE), que cumple el próximo sábado el 60 aniversario de la firma de los tratados que dieron origen a su fundación.

En 2004 fue la mayor ampliación hasta ahora de la UE. De los diez nuevos socios, ocho eran del Este: República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania y Polonia.

Su ingreso se interpretó como el triunfo de la democracia y el capitalismo y sus economías se han beneficiado del mercado común y de los fondos de cohesión.

Pero en crisis, como la del rescate a Grecia o la de los refugiados, algunos de ellos han rechazado políticas comunes, vistas como una imposición exterior.

La diferencia más visible ha sido por los planes de reubicación de refugiados, a los que se opone el Grupo de Visegrado (República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia).

En general, estos países desconfían de una mayor integración que, creen, sólo beneficia a los grandes Estados de la UE y defienden en mayor o menor grado una renacionalización de competencias.

"Ese proceso, por desgracia, ha estado unido a una UE muy tecnócrata y economicista en la que se han acentuado, sobre todo, las ventajas económicas de la adhesión", dice el analista político checo Jiri Pehe.

"Muchos no entienden hasta hoy el principio básico de la solidaridad y cooperación, pilares de la UE", resume.

La entrada en la UE tuvo un gran significado, ya que el "regreso a Europa" de esos países había sido uno de los factores que impulsó la revolución contra la dictadura comunista.

Ese desequilibrio entre integración en el libre mercado y carencias políticas se ve en Hungría, uno de los países que más ha criticado la concepción federalista de la UE.

"Hungría está totalmente integrada en lo económico. En lo político sucede lo contrario, especialmente desde 2010", dice Attila Juhász, del instituto Political Capital.

Ese año, el partido conservador Fidesz, del primer ministro Viktor Orbán, ganó las elecciones con mayoría absoluta, y sus críticas a la UE han ido en aumento denunciando lo que él considera un intento de anular a los Estados nacionales.

La intención de Bruselas de dar una respuesta solidaria a la crisis de los refugiados con un reparto por cuotas, ha sido el mayor, aunque no el único, punto de conflicto.

Orbán no ha ocultado sus simpatías tanto por el presidente ruso, Vladímir Putin, como por el estadounidense, Donald Trump, ninguno de ellos partidarios de una UE fuerte.

Quizá la regresión democrática más problemática es la de Polonia, la sexta economía de la UE y el mayor benefactor neto de fondos: solo en 2015 el país recibió 13.400 millones de euros.

El secretario general del gubernamental partido Ley y Justicia, Jaroslaw Kaczynski, el hombre fuerte en Polonia, tiene grandes diferencias con Orbán -la relación con Rusia es una- pero les une el rechazo a la inmigración, el nacionalismo étnico y religioso y la obsesión por controlar los medios y los resortes del poder.

Tanto el Parlamento Europeo como la Comisión han trazado líneas rojas a Varsovia para que respete el Estado de derecho y la separación de poderes, mientras que el Gobierno ve estas acciones como una injerencia.

Para Rumanía, que entró, junto a Bulgaria, con tres años de retraso respecto al resto de exdictaduras socialistas, han sido también evidentes las ventajas económicas de la UE: su PIB ha pasado de 98.000 a 158.000 millones de euros en diez años.

La influencia y las presiones de Bruselas han contribuido a mejorar las instituciones y a reducir la corrupción, aunque el país sigue muy retrasado frente a la mayoría de los socios.

Tres millones de rumanos han salido del país desde la entrada en la UE, ante la frustración de ver que no se cumplía el sueño de equipararse al nivel de vida de Occidente.

En Bulgaria, donde el PIB per cápita ha subido un 22 % desde 2007, la entrada en la UE fue vista como una recuperación de la identidad nacional, que quedó diluida dentro del bloque soviético.

"A diferencia de los países fundadores, cuya participación en el proyecto estaba por encima de su identidad nacional y por eso no es un problema la renuncia a su soberanía, la integración de Europa Central y Oriental en la UE fue una vuelta hacia su identidad", considera Vesela Cherneva, del laboratorio de ideas Consejo Europeo de Política Exterior en Sofía.