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Telescopio Global
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El mundo en el que nada se sabe

Con eso se podrían socavar los cimientos de la democracia, el sistema de pesos y contrapesos, principal obstáculo para obtener el poder absoluto.

Si no puedes convencerlos, confúndelos”, frase atribuida al presidente norteamericano Harry Truman encarna quizás lo que acaece por estos días cuando pareciera que poco se sabe de la realidad, una especie de confusión generalizada, episodio similar al relatado magistralmente en la amnesia colectiva en la que en su momento se sumió Macondo. No es que antes todo se supiera, por el contrario mucho no se sabía, pero el filtro de los medios era tal que quien se enterara de algo que no pasara por ese filtro terminaba remando en el desierto tratando de que se supiera.

Apareció el pajarito y toda la estantería de la información colapsó. Hoy a cada hecho le aparece su contra-hecho, a cada verdad le aparecen sus escépticos y negadores, a cada mentira sus clientes y promotores. El hecho no es el que ocurre sino el que tiene más y mejores portavoces. Para los que hacen parte de la “elite intelectual” se hace imposible creer que el ex presidente Obama hubiera decidido “chuzar las comunicaciones de la campaña de Trump” como lo acusó este en una serie de trinos, pero habrá mucha gente que si lo cree, haya o no pruebas, pues las “nuevas verdades” ya no las requieren. Lo mismo ocurre con las acusaciones de fraude masivo en las elecciones, en las que Trump perdió el voto popular por unos tres millones de sufragios, lanzadas por el neoyorquino cuando se ensañaba con los medios por las informaciones sobre la asistencia a su posesión.

Sin embargo, el pajarito solo no habría bastado para crear esa nebulosa en la que todo es borroso. Se necesitaba un entorno político apropiado y este lo creó la crisis económica que estalló con fuerza en 2008 y pronto se transformó en la peor crisis social que han enfrentado las democracias en casi un siglo y una geopolítica anárquica que comienza a fraguarse tras el fin de la guerra fría exacerbada por une debilitamiento sostenido de Estados Unidos tras dos devastadoras guerras inútiles. En la medida que la globalización generó más desigualdad, más gente quedaba rezagada y las clases medias perdían su zona de confort, se cocinaba la rebelión contra lo conocido, contra las elites gobernantes, contra los medios, contra el establecimiento, contra la globalización, contra lo políticamente correcto. Incluso contra la democracia misma por estar ligada a la libertad de los mercados y el neoliberalismo económico. En ese desbarajuste del sistema, aparecen como una de sus criaturas privilegiadas las noticias alternativas, las noticias falsas, la guerra de la información en la que la primera víctima ha sido la verdad, en la medida que esta alguna vez haya existido, pues como dijo Winston Churchill “la historia la escriben los vencedores”.

No se trata tanto de emular a Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, cuyo lema era “decir una mentira muchas veces la vuelve verdad”, aunque en ocasiones también, sino de generar confusión, echar al aire tantas cortinas de humo que la realidad nunca aparezca y minar la credibilidad de los medios tradicionales acusándolos de “enemigos del pueblo”, para que muchos terminen creyendo cualquier cosa, no necesariamente los que dicen el New York Times o CNN. Esta estrategia de vieja data ha sido usada con éxito relativo por dictadores de todos los pelambres, elegidos o no, en Turquía, Venezuela, Filipinas, Rusia, y un largo etcétera, pero lo de Trump por ocurrir en el país de la primera enmienda, de la sacrosanta libertad de expresión, en el líder de occidente, en una de las cunas de la democracia moderna, tiene repercusiones globales.

La idea al derruir el cuarto poder pareciera ser crear la sociedad de la no-información, una realidad virtual en la que hay tanta información contradictoria y de todos tipos que en últimas nada es y nada se sabe. Con eso se podrían socavar los cimientos de la democracia, el sistema de pesos y contrapesos, principal obstáculo para obtener el poder absoluto.

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