Telescopio global

La Guerra de Trump

La mayor hostilidad de Trump la ha desatado contra China tanto por sus prácticas comerciales, monetarias y su expansionismo en la región del Pacífico.

EFE

Todos los presidentes de Estados Unidos desde la segunda guerra mundial han enfrentado “sus guerras”. Truman y Eisenhower fueron a la guerra de Corea, John F. Kennedy su Bahía de cochinos en Cuba, Lyndon Johnson envió al país entero a Vietnam y a los marines a República Dominicana, Nixon amplió la guerra en Indochina a Laos y Camboya y declaró la guerra contra las drogas, Carter envió sus Helicópteros artillados a Irán, Reagan invadió Panamá y Granada y envió los marines a su muerte a Líbano, George Bush padre desencadenó la primera guerra del golfo, Clinton comenzó la guerra contra Al Qaeda en distintos lugares del planeta y despachó la fuerza aérea a los Balcanes, George Bush hijo arrasó con Afganistán e Irak y Obama armó su coalición contra Isis y Libia.

Con un presidente tan impredecible como Trump en la casa blanca, su retórica ultra- nacionalista, y asesores como Steve Bannon y Stephen Miller exponentes de una visión apocalíptica del mundo, surge la pregunta: ¿ cuál o cuáles serán las guerras de Trump?.

En un mundo que se desliza hacia la geopolítica del siglo XIX con zonas de influencia, balance de poder, alianzas cambiantes y realismo puro y duro, no faltan candidatos para ser el objetivo de un ataque por parte de las más poderosas fuerzas armadas del orbe, poseedoras de un arsenal nuclear en manos de Trump, capaz de destruir varias veces el planeta entero. Liberado en apariencia de la defensa de la democracia liberal que ha imperado en Washington desde el final de la guerra fría todos los paradigmas sobre los cuales descansa el orden internacional están siendo socavados por lo que nada es descartable en este mundo que se descarrila.

Corea del norte que lleva años desafiando a occidente con su programa nuclear y misilístico en abierta contravía a resoluciones del Consejo de Seguridad aparece como un posible candidato a un ataque militar estadounidense. Su régimen ya ha sido “advertido” por el nuevo secretario de defensa James Mattis quien en sus declaraciones de ratificación amenazó a Pyongyang con un “golpe devastador”. Mattis además anunció que Estados Unidos instalará en Corea del Sur el sistema de defensa antimisiles conocido con el acrónimo de THAAD, lo cual ha sido interpretado por Kim Jong Un como una amenaza directa a su país.

Otro candidato a la guerra de Estados Unidos es Irán, país al que Trump fustigó en su campaña y desde su llegada al poder, la retórica guerrerista contra el régimen de los Ayatolas ha ido in-crescendo. El acuerdo nuclear firmado por Irán con P5+1 que ya le está dando réditos importantes a Teherán en inversión extranjera y salida del aislamiento, ha sido denunciado por el mandatario y su cohorte, a lo que Irán ha respondido con ensayos de misiles balísticos. La Guerra contra Irán podría comenzar contra su proxi en Yemen, los rebeldes Houtties shiitas que controlan la mitad del territorio de ese pobre país incluyendo su capital Sana, el cual ha sido víctima por dos años de ataques indiscriminados de la aviación saudí sin que esto haya logrado derrotar a los rebeldes. Irán fue el gran beneficiado con el desastre estratégico que significó la invasión en 2003 de Estados Unidos a Irak, interviene abiertamente en las guerras en Siria e Irak, arma, financia y apoya al movimiento shiita libanés Hezbollah y cada cuanto amenaza a Israel con “destruirlo”. Los ayatolas en Teherán no tienen vocación suicida pero un mal cálculo podría provocar un ataque americano masivo.

La mayor hostilidad de Trump la ha desatado contra China tanto por sus prácticas comerciales, monetarias y su expansionismo en la región del Pacífico a través de islas artificiales y zonas de demarcación marítima unilateralmente declaradas. Trump ha desafiado la política de Beijing de “una sola China” al haber conversado telefónicamente con la presidente de Taiwán, y emitido declaraciones amistosas hacia Taipéi alejadas del consenso existente previamente en Washington. Una guerra épica contra China en la era Trump no es descartable como ya lo mencionan abiertamente comandantes militares chinos o podría reducirse a simples escaramuzas en el Pacífico en que cada cual marque su territorio.

Como en la geopolítica del realismo el amigo de hoy es el enemigo de mañana el aparente idilio entre Trump y Putin puede acabar en un turbulento divorcio con guerra incluida. Las intenciones de Putin de restablecer sus zonas de influencia históricas en los Balcanes, el Báltico, Asia central y Europa oriental, a lo que Trump no se ha referido, colocaría a Rusia en colisión con Europa y podría arrastrar a Trump a una guerra contra Moscú si considera que los intereses del “America First” están siendo comprometidos por la agresión del oso, una guerra que involucraría a buena parte de Europa, no muy diferente a las dos anteriores guerras mundiales.

Finalmente y emulando la presidencia de Reagan, Trump podría simplemente atacar blancos “fáciles”, países militarmente débiles lo cual le puede producir rédito con sus electores sin asumir mayores riesgos. En este caso habría algunos candidatos en América Latina, Asia, África y el Medio Oriente.

O podría Trump sorprender al mundo y no iniciar ninguna guerra. Como dice el adagio “perro que ladra no muerde”.