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FÚTBOL COPA DE ÁFRICA (Análisis)

El hombre que no sabe ganar finales

Minucioso, trabajador, muy serio dicen los jugadores que han estado a sus órdenes, al argentino Héctor Cúper (Santa Fe, 1955) le persigue un estigma, quizás un mal fario: sabe llegar a las finales pero no sabe como ganarlas.

Túnez, 5 feb (EFE).- Minucioso, trabajador, muy serio dicen los jugadores que han estado a sus órdenes, al argentino Héctor Cúper (Santa Fe, 1955) le persigue un estigma, quizás un mal fario: sabe llegar a las finales pero no sabe como ganarlas.

Si uno se fija en su currículum es extenso, variado y bastante prestigioso: desde que en 1993 se hiciera con las riendas del Huracán, el equipo en el que colgó las botas, ha pasado por algunos codiciados banquillos.

Especialmente en Europa, donde se dio a conocer en un equipo mediano, de esos acostumbrados a tomar el ascensor de la primera y la segunda división, al que hizo grande en la década de los noventa llevándole a la final de la copa del Rey (1997) y a de la entonces Recopa de Europa (1999).

Ahí arrancó su leyenda negra, el sambenito de segundón que apenas nadie intuía cuando el Lanús levantó en el estadio de El Campín el trofeo de campeón de la Conmebol tras derrotar en el partido de vuelta al Santa Fe de Colombia (1-0).

Cierto es que aquel día no partía como favorito ante el Barcelona de Rivaldo y Figo, pero al igual que este domingo en Gabón su equipo comenzó ganando con un gol tempranero de Stankovic y no cedió hasta la tanda de penaltis.

Aquel Mallorca de Ibgaza, Lauren, Dani, Engonga o Biagini haría historia dos años después al alcanzar la final de la entonces denominada Recopa de Europa, que Cúper perdería ante la también histórica Lazio de Nedved y Vieri.

Los buenos resultados en Mallorca -hay que decir que si logró alzar dos supercopas de España- hicieron que fichara por el Valencia, sumido en los años gloriosos de Cañizares, Anglomá, Mendieta y el piojo López.

Cúper formó un grupo rocoso, solidario, muy físico y trabajado en el plano táctico y estratégico al que también llevó a dos finales consecutivas de la mejor competición del mundo a nivel de clubes: la Champions.

Y las dos las perdió cruelmente: la primera en el 2000, siendo desarbolado y muy inferior a aquel Real Madrid de la octava, con Raúl, Casillas, Anelka, Roberto Carlos, Fernando Redondo y Fernando Morientes.

Y la segunda al año siguiente frente al Bayer de Munich de Oliver Khan, Stefan Effenberg y Giovane Elber, que le derrotó en una angustiosa tanda de penaltis -el partido terminó con un empate a un gol- en la que falló el hoy entrenador del Alavés, Mauricio Pellegrino.

A partir de entonces comenzó una travesía por el desierto de las finales y los títulos que le llevó a saltar de banquillo en banquillo, desde el del Inter de Milan, el Parma, el Betis y de nuevo el Mallorca hasta que en 2011 la "mano negra" volvió a concederle un segundo puesto.

El escenario esta vez fue Grecia y el "damnificado" de la mala fortuna de Cúper el Aris de Salónica, con el que en 2011 perdió la copa griega.

El fichaje de 2015 por Egipto auguraba un posible cambio: "los faraones", siete veces campeones de África y siete finales ganadas de ocho disputadas en esta competición -hasta esta noche- le había llamado para tratar de reverdecer laureles.

Los egipcios habían levantado tres títulos en la década gloriosa del inicio de siglo XXI, pero desde el último, logrado en Angola en 2010, estaban ausentes de la fase final del que considera su torneo por excelencia.

El fin de una generación especial de grandes jugadores, liderada por Mohamad Abu Tereka, Hosan Hasan y Mohamad "Mido", unido al estallido de las ahora fracasadas "primaveras árabes" había sumido al país en la depresión.

Asido a su filosofía, Cúper rebuscó en la liga egipcia y armó un equipo sólido, con obreros del fútbol, muy solidario en el esfuerzo y disciplinado estratégicamente, al que aderezó con algunas estrellas en Europa, como el delantero de la Roma Mohamas Salah y el centrocampista del Arsenal Mohamad Elneny.

A ellos unió jóvenes promesas talentosa, como el interior de 19 años del Stoke City Ramadán Sobhi.

La fórmula funcionó: desde que en marzo de 2015 se hiciera con las riendas el equipo, Egipto ha disputado 29 partidos: ha ganado 20, empatado cinco y perdido solo cuatro.

Incluso se ha colocado líder de su grupo de clasificación para el mundial de 2018 en Rusia tras ganar a dos selecciones potentes como Ghana y Congo.

Se plantó en Gabón y su recorrido en esta copa de África fue hasta la noche de este domingo inmaculado: Egipto -que no había perdido un solo partido en una fase final de la Copa de África desde que Argelia le derrotara en 2004- había ganado los cinco partidos con un solo gol en contra.

El partido definitivo, frente a Camerún -a la que Egipto ya había derrotado en dos finales previas (19986 y 2008)- comenzó bien, con un gol del Elnany que daba esperanzas de que por fin se podría romper el longevo gafe.

Sin embargo terminó como siempre: con Cúper sintiendo de nuevo el estigma de segundón clavado en su piel, esta vez un aguijón inoculado en el minuto 89 que además le privó de pasar a la historia como el segundo -casi siempre segundo- latinoamericano en alzar la copa de África tras el brasileño Otto Gloria. EFE.

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