Dos y Punto

Diana Montoya

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Antidoto justo

Francia y el regreso de la derecha

La llegada al poder de François Fillon plantearía un nuevo desafío para la Unión Europea.

EFE

Luego de los sorpresivos resultados en Gran Bretaña con el BREXIT, de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, de la negativa del plebiscito en Colombia y de la creciente inestabilidad europea en España y Grecia, el 2017 se avizora como un año no menos cargado de emociones por la elección del próximo presidente de Francia y del nuevo canciller alemán. Con estas piezas, el rompecabezas mundial quedará completo para enfrentar uno de los momentos más complejos de este siglo XXI que lejos de la placidez, nos muestra caminos enrevesados todo el tiempo.

Con Francia, el panorama es tan difícil como el que vivimos este año que termina con otros países. La situación del país galo ha tenido ciertos sobresaltos en cuanto a su gestión económica, política y social. Ni hablar de la dificultad que ha existido en los últimos años en términos de inmigración y lucha contra el terrorismo. Los actos de sangre de ISIS- Estado Islámico- contra los periodistas del hebdomadario “Charlie Hebdo”, el ataque simultáneo en París que terminó con la muerte de más de 130 personas en el teatro Bataclan y el inmisericorde atentado en Niza, alteraron la dinámica del gobierno del presidente François Hollande.

Elecciones presidenciales: Entre el centro derecha y la extrema derecha

El mal gobierno de Hollande, sus deficientes resultados económicos y su pasiva reacción a gran parte de los hechos acaecidos recientemente, han llevado a que el país observe con detenimiento los partidos de derecha que seguramente retornarán al poder.

Desde el inicio de la quinta república que se inaugura con la Constitución Política de 1958, la izquierda solo pudo gobernar con François Miterrand y con el actual Presidente François Hollande. De resto, el país ha sido dirigido por la centro-derecha a través del líder de la resistencia Charles De Gaulle, George Pompidou, Valery Giscard d’Estaing, Jacques Chirac y Nicolás Sarkozy. Esto demuestra que no es extraño el retorno de las políticas de derecha en Francia, matizando que no es evidente que veamos retrocesos en el pacto republicano francés que, contrario a lo que ocurre en Estados Unidos luego del triunfo de Trump, no se pone en riesgo por el posible retorno de una coalición de centro-derecha que se funda en valores republicanos.

Sin embargo, no todo está ganado. La primaria del partido de centro- derecha fue ganada por el ex primer ministro de Sarkozy, François Fillon. Por el lado, del “Front National” Marine Le Pen se constituye en el riesgo mayor en la medida en que su ideario político se hace evidente cada día con la llegada de candidatos de ultraderecha aislacionistas, xenófobos y nacionalistas. El anti europeísmo de Le Pen se articula con el vergonzoso binomio Theresa May- Boris Johnson en el Reino Unido.

Por último, el panorama del partido socialista de gobierno es oscuro. El presidente Hollande vive momentos amargos con una popularidad en el piso y con escándalos a granel como el que se vive por cuenta de un largo libro “Un president ne devrais pas dire ça”- Stock, 2016- (Un presidente no debería decir eso) en el cual el jefe de Estado en una extensa entrevista con Antonin André y Karim Rissouli ataca a la rama judicial y arremete contra sus propios ministros y parlamentarios, evento que impidió, entre otros, su postulación y reelección. Con este panorama, y sin el presidente en procura del segundo mandato, los socialistas después de unas elecciones internas complejas se juegan sus restos con Benoit Hamon, quien derrotó al ex primer ministro de Hollande, Manuel Valls. Hamon deberá acordar con Emmanuel Macron, candidato de izquierda moderada para poderle hacer contrapeso a Fillon y a Le Pen. Muy difícil.

El camino seguramente llevará a un escenario similar al del 2002, cuando el ultranacionalista Jean –Marie Le Pen llegó a una segunda vuelta contra el ex presidente de centro- derecha, Jacques Chirac, llevando al país a apoyar al ex presidente a costa de su resistencia contra diversas políticas de gobierno. Por el camino quedó el candidato socialista y ex primer ministro, Lionel Jospin. Esta vez, la hija de Le Pen podría repetir la historia de su padre contra François Fillon. Los franceses no lo dudarían: Fillon sería Presidente.

La derecha francesa en la nueva Europa

La llegada al poder de la derecha con François Fillon, que haría una perfecta síntesis con el centrismo plantearía un nuevo desafío para la Unión Europea. Para la derecha, el gobierno socialista de Hollande ha sido laxo con el tema de la inmigración y con el rol de Francia en la nueva arquitectura europea.

Frente a los inmigrantes, la derecha querrá hacer un referendo sobre el reparto de refugiados en Europa como el acaecido en Hungría. En igual sentido, endurecería las medidas de entrada al país, poniendo cada vez más límites al ya golpeado acuerdo Schengen de circulación libre en Europa; y reinstalaría al debate sobre la expulsión del territorio de franceses que tienen doble nacionalidad y que han participado en actos de guerra o son potenciales terroristas islámicos.

Sobre los mecanismos de integración con la UE, se podría esperar que Fillon ayude a configurar una nueva Europa sin despedazarla, evento contrario a la postura de la candidata de ultraderecha Marine Le Pen quien ha sido insistente en la salida de Europa por parte de Francia, siguiendo el ejemplo del Reino Unido.

La configuración de una nueva unión seguramente vendría acompañada de dos factores. El primero, la elección del nuevo canciller alemán y la recuperación de un margen de apreciación nacional sobre una multiplicidad de aspectos, entre ellos, el control de una política de protección agrícola, la posibilidad de hacer una gran reforma del Estado y el desmantelamiento de ciertas estructuras burocráticas en Bruselas que más que unir a los Estados han generado unas reacciones nacionales sin precedentes en Europa.

Francia querrá volver a jugar un papel de dirección en la UE como lo hizo durante el gobierno de Sarkozy, estableciendo puntos de contacto con el presidente Putin de Rusia con quien se querrán restablecer lazos con una Europa que mira con desconfianza a ese país. Con ese acuerdo, la UE buscaría otras salidas frente al caso de Siria.

Una economía ralentizada

Este panorama político nacional y europeo y la molestia con Hollande se materializan porque sus políticas no han sido suficientes para frenar el deterioro económico del país. Con una tasa del 10% de desempleo- 2.8 millones de personas- (Datos tomados del último reporte del INSEE, Institut National de Statistique et des études économiques (Noviembre/2016), un crecimiento económico de 1.3%, una contracción en la demanda agregada derivada de una política de austeridad, un déficit fiscal de 3.5% por encima del 3% exigido por la Unión Europea y una ausencia de innovación industrial, no podía esperarse que la izquierda pudiera salir bien librada.

Los planes de corrección económica de Francia han sido insuficientes. El pacto de responsabilidad y la creación del impuesto para la competitividad ha resentido el poder de compra de los ciudadanos. Por poner un ejemplo, se disminuyó según estadísticas oficiales en 350 euros la capacidad de compra de los ciudadanos frente a su poder económico en el 2010.

La derecha propone realizar una reforma laboral, reducir el gasto público en más de 100 mil millones de euros, eliminando 5,6 millones de funcionarios, aumentar la edad de jubilación de 62 a 65 años, suprimir ciertos impuestos para las empresas, desaparecer regímenes especiales de jubilación e imponer una regla precisa de equilibrio presupuestal. Con estas medidas, el nuevo gobierno de derecha, en caso que esa sea la tendencia, tratará de resolver la crisis del país.

Cifras de fracaso del gobierno socialista permiten entender las molestias del pueblo contra ese partido y avizorar un cambio en la tendencia política en el hexágono. El resultado de los malos gobiernos produce desesperación e incertidumbre en la ciudadanía. Francia, como otros países, no está ajena de la reacción popular contra la globalización y los diversos efectos económicos y sociales que afectan su entorno. Sin embargo, lejos de los escenarios catastróficos, el nuevo gobierno tendrá que ajustar la economía, reorganizar las competencias del sistema territorial, fomentar la inversión extranjera, incentivar la industrialización del país, no sin dejar de lado el fortalecimiento de Europa y el respeto por la diferencia sin caer en tintes identitarios.

Un paso contra esa dirección y el mundo multipolar que ganamos con la caída del muro de Berlín, será una historia lejana que nos pondrá otra vez en la mira del egoísmo y la idiotez de la “Real Politik” y de la legítima defensa individual.

Francia tiene un reto como colectivo, hacerle entender a sus ciudadanos y al mundo que los valores fundadores de su república “la libertad, la igualdad y la solidaridad” seguirán siendo un faro para la cultura occidental. Otro revés nacionalista y la perspectiva mundial no solo será peligrosa, sino tremendamente indeseable.