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Dónde está la bolita

Una fiesta muy brava

En este escenario queda mal con los antitaurinos y con un sector de la opinión el alcalde de Bogotá, satanizados los grupos animalistas e inicia campaña con el pie izquierda el ex alcalde Petro.

Lo ocurrido con el inicio de la fiesta taurina este domingo volvió a demostrar lo polarizada que está la ciudad y deja ver lo que podría pasar en el futuro inmediato.

Este podría ser el inicio de la campaña presidencial en Bogotá, de la manera menos pacífica, con un alcalde que será carne de cañón de esa contienda.

Esa sería una manera de entender el nuevo enfrentamiento entre el alcalde Enrique Peñalosa y el ex alcalde Gustavo Petro a raíz de los actos violentos en los alrededores de la plaza, en el centro de Bogotá.

Se trata de uno de los pocos temas en los que, paradójicamente, están de acuerdo los dos, declarados públicamente antitaurinos. Petro, es aspirante a la Presidencia, y el alcalde Peñalosa, tiene el respaldo del partido del vicepresidente Germán Vargas.

 Lo que pasó el domingo tiene dos aristas: la pelea entre Petro y el alcalde Peñalosa, acusado por su antecesor de haberle entregado la plaza a “los amigos de Vargas Lleras, pagó favores políticos y rompe así sentencia contra maltrato animal”. A su vez, el secretario de Gobierno contraataca y asegura que “Petro contrató reforzamiento de la Plaza y votó Ley Taurina. Petro recuerda lo que le conviene y olvida lo que lo perjudica”. Ambos acuden a la táctica política de decir mentiras o verdades a medias, sin contexto, para descalificar al otro.

La otra cara de este problema está en el debate de fondo de si debe haber o no corridas en Bogotá. Los actos violentos en las calles este domingo ocultan el verdadero debate y satanizan a los movimientos animalistas que han venido dando una incansable tarea por esta causa en todos los escenarios al quedar salpicados por la presencia de Petro en la manifestación del domingo y de infiltrados que siempre buscan la confrontación violenta.

Peñalosa, por su parte, termina llevando la peor parte porque aunque debe cumplir el mandato judicial de permitir las corridas hasta que la Corte Constitucional las acabe o las avale, la idea que queda es que persigue a los antitaurinos, a los que los reprime con el Esmad, la misma fuerza que usó Petro en la Conejera, en Suba, para desmontar los campamentos de ambientalistas que se oponían a un plan de vivienda de un familiar del entonces alcalde.

También las corridas porque quienes aman ese espectáculo –señalado de ser elitista y salvaje—no van a querer que los saquen en tanqueta al final de la faena.

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